LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Posiciones y posesiones

Hace cuestión de un par de días me encontré con esta curiosa información:

«El embarque de granos en barcazas llegado esta semana al puerto de Paysandú contribuye, según las autoridades, a potenciar y posesionar al puerto sanducero en la región».

No me caben dudas de que las autoridades sanduceras deben de estar que saltan en una pata por la buena nueva, aunque hay algo que no logro captar en el mensaje. ¿Quién se posesionó de qué? ¿El embarque de granos se va a apoderar del puerto de Paysandú?

En fin. Agotado por el esfuerzo intelectual, recurro al diccionario y me encuentro con lo siguiente: El verbo ‘posesionar’ significa «poner en posesión de una cosa»: El abogado posesionó al heredero de los bienes del difunto; o, en su forma pronominal, «apoderarse de algo»: Se posesionó del reloj de la víctima.

Estos vocablos están vinculados semánticamente con poseer, poseedor, posesión. Este último sustantivo significa, entre otras cosas, «Apoderamiento del espíritu de un ser humano por otro espíritu que obra en él como agente interno y unido con él». Por eso se habla de posesión satánica, y al que sufre este mal demoníaco se le llama poseso; para combatir tal calamidad, se recurre a un exorcista, hombre ducho en hacer salir el espíritu maligno del cuerpo del pobre poseso.

Ahora bien. Yo me pregunto, muy humildemente, qué carajo tiene que ver todo esto con un puerto y un embarque de granos. Por suerte mi amigo Pereira me dio la clave: «No sea burro, Mendieta. ¿No ve que el periodista quiso escribir ‘posicionar’, o sea, tomar posición, ubicar?».

–Esta vez me dejó mudo. ¡Qué lo parió!

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