Alegoría. El viernes se estrenará "Distrito 9", un original filme de ciencia ficción con acento crítico

Una alegoría sobre la discriminación

El filme, cuya producción está a cargo del prestigioso Peter Jackson, ha concitado razonables elogios, tanto por su plausible escritura cinematográfica como por su mensaje de explícito contenido alegórico.

Contrariamente a lo que ha sido tradicional en el siempre exitoso cine de ciencia ficción, en esta película los villanos son los humanos y no los alienígenas. Esta percepción rompe radicalmente con los clásicos estereotipos de la producción de la gran industria, que, desde siempre, transformó a los habitantes de otros mundos en invasores perversos y devastadores.

Aunque estos extraterrestres no son implacables asesinos como Alien, Depredador y las abominables criaturas de «Día de la independencia», tampoco poseen la pueril candidez de ET o de los recordados navegantes espaciales de «Encuentros cercanos de tercer tipo», de Steven Spielberg.

Obviamente, no se parecen demasiado a los inefables invasores de la satírica «Marcianos al ataque», del creativo realizador Tim sBurton, que construye una irónica mirada nostálgica del género concebida mediante la iconografía kitsch de los años cincuenta.

Contrariamente a lo que podría presumirse y más allá de su mero envase de ciencia ficción, «Distrito 9″ es un revulsivo ensayo alegórico sobre los devastadores efectos de la masificación poblacional y la xenofobia.

Esta expresión de odio e intolerancia se ha transformado, en los primeros tramos de este tercer milenio, en una de las más dramáticas fuentes de conflictos y violencia.

En este filme, que atrae por la inteligencia y originalidad de su planteo argumental, el género fantástico recupera su faceta más crítica, transformando a las habituales víctimas en victimarios y viceversa.

También rompe con los clichés en torno al concepto de heroísmo, tan burdamente bastardeado por la taquillera «fábrica de sueños» de la mega industria de Hollywood.

Desde el comienzo, la película ya asoma como una propuesta que se desmarca claramente de las convenciones predominantes, cuando la inmensa nave tripulada por los inoportunos «visitantes» aterriza en Johannesburgo (Sudáfrica) y no en Nueva York, Washington u otra urbe del imperio unipolar.

Esa primera secuencia marca ya el curso del relato, al trasladar el epicentro de la acción del denominado mundo desarrollado a un país donde la mayoría de la población es de etnia negra.

Sin embargo, esa es apenas una de las radicales diferencias con las producciones de alto consumo y fácil digestión. En efecto, en esta oportunidad los extraterrestres no llegan con el propósito de invadirnos, sino de refugiarse en nuestro martirizado planeta.

Privadas del uso de su deteriorada nave, estas inmensas langostas ­que son bastante repulsivas­ padecen la lacerante experiencia del exilio y el desarraigo en un mundo que les es naturalmente ajeno.

La solución es confinarlos en una suerte de campo de concentración denominado Distrito 9, donde los alienígenas padecen ­durante veinte años­ hacinamiento, pobreza, desnutrición, enfermedades, rechazo y marginación.

La segregación que soportan los extraterrestres alude, naturalmente, a la otrora cruda experiencia histórica del apartheid sudafricano, uno de los más abominables regímenes autoritarios de todos los tiempos.

La presencia de estos seres aparentemente desvalidos pero inteligentes, pretexta una profunda reflexión en torno a la condición humana, la piedad, la supervivencia, la violencia, el odio y hasta la omnipotente soberbia de la clase científica funcional a los intereses corporativos.

También el perfil del «héroe» de turno se desmarca de las convenciones del género. Se trata de un funcionario de migraciones desprolijo y de físico bastante desgarbado, que lleva la peor parte en el operativo de desalojo de los «intrusos».

Quizá lo único objetable sea el exceso de violencia al cual apela Neill Blomkamp en algunas secuencias del relato, más allá de la plausible administración de las tensiones y la prolija resolución visual de la historia.

«Distrito 9″ es una atractiva experiencia cinematográfica no exenta de toques de humor negro, que reflexiona sobre la piedad, la segregación social, la barbarie y la prepotencia del poder.

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