Una discográfica imprescindible
Ashley Kahn no es un recién llegado a la literatura del jazz. Previamente había demostrado sus penetrantes estudios musicológicos e históricos en «Miles Davis y Kind of Blue: la creación de una obra maestra» y «A love Supreme y John Coltrane: la historia de un álbum emblemático».
En su reciente obra, cuyo título señala la importancia del célebre saxofonista negro, Kahn destaca también el aporte de otros jazzistas que grabaron los magistrales discos con los que el sello Impulse construyó su bien merecida fama durante un lapso de tres lustros.
Precisamente, el índice es la nómina de los 36 álbumes que el autor eligió para pautar los momentos claves de la historia. Allí se detiene en varias de las obras maestras de Coltrane, pero también las de Oliver Nelson, Charles Mingus, Archie Shepp, Sonny Rollins, Albert Ayler, Pharoah Sanders, Sam Rivers, Sun Ra y algunos representantes de la vieja escuela, como Duke Ellington, Benny Carter, Earl Hines y Pee Wee Russell.
El formidable caudal de músicos que integró el plantel de Impulse, se debió a la tenacidad de unos productores que tuvieron la inteligencia de comprender los cambios que se avecinaban en el jazz, y ostentaron el empuje necesario para imponer sus convicciones frente a los escépticos directivos de la empresa.
Kahn señala a Creed Taylor como el encargado del puntapié inicial. Integrante de la firma ABC-Paramount, Taylor funda Impulse y lanza al mercado sus primeros discos, con las llamativas carátulas de colores naranja y negro y las fundas dobles que se abrían como carpetas y contenían abundantes notas y fotografías.
En 1961 Bob Thiele reemplaza a Taylor y graba al cuarteto de John Coltrane en vivo en el Village Vanguard. El éxito de ventas es descomunal y Kahn sostiene que en 1963 «Impulse estaba entrando en su primera edad de oro». Se editan álbumes de Curtis Fuller, Freddie Hubbard, Max Roach, Jay Jay Johnson, Sonny Stitt y una larga serie de grandes jazzistas. Se venden los discos en todo el mundo y aparecen las polémicas y críticas en las revistas de circulación internacional.
En 1969 se retira Thiele e ingresan, sucesivamente, Ed Michel, Steve Backer y Esmond Edwards, quienes cubren sus tareas hasta la absorción del sello por otras empresas. Coltrane había muerto dos años antes y el rock, el folk y el blues eléctrico marcaban sus presencias con fuerza. Se reeditan antologías, y algunos artistas que graban son Keith Jarrett, Ahmad Jamal, John Klemmer, Les McCann, Howard Roberts y el argentino Leandro «Gato» Barbieri.
Ashley Kahn demuestra que conoce a fondo el tema que trata y desparrama abundante información y detalles a lo largo de su obra. Su estilo es ameno y está permanentemente salpicado de anécdotas, conversaciones, declaraciones y entrevistas, haciendo de la lectura un placer apasionante. La impecable traducción al español es de Jorge García, quien además agrega varias notas explicativas en los pies de páginas.
Este instructivo libro se completa con el breve curriculum de cada uno de los productores y empresarios que trabajaron en la compañía, el índice onomástico y temático, la lista de notas informativas, documentos y entrevistas, la profusa bibliografía consultada y los discos del sello, con su título, artista principal, año de edición, número de catálogo y temas interpretados.
Más de 130 fotografías en blanco y negro de músicos, carátulas de discos, recortes de periódicos y facsímiles de archivos, ilustran este vívido recuerdo de aquellos fascinantes años del jazz.
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