Aniversario del asesinato de Víctor Jara
En impreciso día entre el 11 y el 16 de setiembre de 1973 Víctor Jara fue asesinado.
Músico, poeta, hombre de teatro, una vez escribió un manifiesto que, como náufrago, escondió dentro de una botella para que otros náufragos lo recogieran en el mar de la memoria.
Santiago de Chile, 1973. El Estadio Nacional de fútbol convertido en campo de concentración. En él, miles de personas encerradas y acordonadas por fusiles con bayonetas caladas y metralletas en manos de los militares golpistas. Entre los prisioneros estaba Víctor quien comenzó a cantar el himno de la Unidad Popular. Un carcelero lo reconoció, le gritó que callara, Jara siguió cantando y a su voz se unieron otras miles de voces.
Lo fueron a buscar, lo bajaron de la tribuna a golpes de culata. No volvió. Le cercenaron sus manos para que no pudiera empuñar su guitarra, luego llenaron de plomo su cuerpo.
Nacido en Chillán, Jara se inició en la música con el grupo Cancumen. Más tarde, una vez egresado de la Escuela Teatral de la Universidad de Chile, puso en escena una decena de obras: «El círculo de tiza caucasiano» de Bertolt Bretch, «Remolienda», de Alejandro Sieverking y «Viet rock» de Megan Terry, se destacaron por el aporte creativo de su dirección.
Cantó en la Peña de los Parra y se integró al conjunto Quilapayún con quienes grabó un fonograma.
En 1967 inició su trabajo como solista y llegó a grabar seis discos entre los que se destacan «Testamento», «La población», «Canto por travesura» y «El derecho de vivir en paz». Más tarde se plegó al incipiente movimiento de rock existencialista y grabó con el grupo Blops.
Sus canciones «Te recuerdo Amanda», «Plegaria a un labrador», «Cuando voy al trabajo». «Vientos del pueblo», «El cigarrito», «Puerto Mont», «Luchin», «Las casitas» y «El gigante de ojos azules», entre otras, son ahora interpretadas por los artistas mayores de la canción popular y recordadas por millones de personas.
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