NUNCA ES TARDE PARA AMAR: EL SEXO EN LA TERCERA EDAD
Aunque esa tendencia a la fragmentación es más frecuente en los denominados países periféricos, también las sociedades desarrolladas presentan paisajes de discriminación.
Una de las segregaciones más habituales es la de los adultos mayores, condenados a vivir virtualmente escindidos del colectivo social.
Este fenómeno está pautado por conductas de naturaleza eminentemente cultural, que suelen considerar al anciano una suerte de material de desecho, porque ha dejado de ser un engranaje del aparato productivo.
Esos códigos se tornan bastante visibles en el mercado de trabajo, que requiere personal cada día más joven y desestima de plano- la experiencia acumulada que bien puede ser una potencial fuente de aprendizaje.
En una sociedad envejecida como la uruguaya y de alta tasa de emigración, la marginación de los adultos mayores es un problema que requiere respuestas institucionales.
Sin embargo, las verdaderas señales de inclusión deberían provenir desde la propia sociedad, que requiere un crucial cambio cualitativo.
En «Nube 9: nunca es tarde para amar», el realizador alemán Andreas Dresen construye un tan osado como conmovedor cuadro humano, al narrar las eclosiones románticas y eróticas de ancianos que luchan obsesivamente por recuperar el pleno goce de sus vidas y derechos.
El cineasta, que nació en Alemania del Este, es un reconocido autor televisivo y de varios filmes elogiados y premiados, entre ellos «Nachtsgestalte» (1999), «Halbe treppe», (2002) y «Willenbrock» (2005).
La historia, que en buena medida es un revulsivo acto de irreverencia contra los convencionalismos dominantes, ingresa en el fuero íntimo de estos seres condenados socialmente a lo inexorable: la indiferencia.
El relato, que está absolutamente despojado de discursos grandilocuentes y miradas enrevesadas, se mete bajo la epidermis emotiva de estos seres habitualmente irredentos.
Los personajes de esta anécdota- que está narrada con simpleza y una extrema frontalidad- siguen los dictados de sus corazones y sus cuerpos, lo cual transforma al filme es un conmovedor alegato humanista.
No en vano esta sensible película recibió el premio Coup de Coeur (favorita), en el prestigioso y siempre reconocido Festival de Cannes.
El filme está centrado en las pulsiones emocionales de Inge, una mujer de sesenta y cinco años, casada desde hace treinta años, ama de casa y abuela, quien conoce a Kart, quien lleva saludablemente sus setenta y seis años.
Entre ambos se entabla una relación que excede a lo meramente afectivo y deviene en una pasión cuasi juvenil, con abundante erotismo y rejuvenecida sexualidad.
Incluso, el realizador germano se atreve a plantear un triángulo amoroso entre dos hombres y una mujer de avanzada edad, con todos los riesgos que ello supone en una sociedad pacata y conservadora.
Sin embargo, esa eclosión semejante a una resurrección, también tiene sus naturales complejidades, engendradas por la fragilidad de los sentimientos y la recurrente coexistencia de la culpa.
Esa apelación a un erotismo de la tercera edad, que obviamente no es nada frecuente en la contemporánea sociedad de las apariencias, constituye una apuesta ciertamente muy inusual en la industria cinematográfica contemporánea.
Empero, sabido es que el cine europeo no siempre responde a los dictados hegemónicos del mercado y la taquilla, lo que le permite asumir un perfil bastante más humano e independiente.
Obviamente, esta obra de Andreas Dresen excede al mero propósito de transgredir códigos sociales fuertemente arraigados, para transformarse en un alegato de singular acento humanista que desafía a la reflexión colectiva.
Contrariamente a lo que propondría un producto de la gran industria, esta no es una historia liviana ni un mero romance otoñal, como tantos cándidos títulos de impronta hollywoodense.
Es, en cambio, un explícito retrato de la pasional carnalidad de la vejez, absolutamente disociado de las habituales historias edulcoradas que aterrizan en nuestro circuito cinematográfico.
«Nube 9: nunca es tarde para amar» es un relato sensible y conmovedor, que indaga osadamente en las relaciones humanas, sin soslayar la explicitud y la desnudez de los cuerpos de las almas.
Nube 9: nunca es tarde para amar. Alemania 2008. Director: Andreas Dresen. Libreto: Andreas Dresen, Jörg Hauschild, Laila Stieler y Conny Ziesche. Fotografía, Michael Hammon. Montaje: Jörg Hauschild. Reparto: Ursula Werner, Horst Rehberg, Horst Westphal y Steffi Kühnert.
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