114 páginas. Entrevistas, análisis, libros y discos en la edición española

Número doble de Cuadernos de Jazz

Esta vez hay mucho material que relaciona el jazz con la literatura. Carlos Aganzo recuerda (con ayuda de un emotivo dibujo de Naiel Ibarrola) que se cumplen 25 años de la muerte de Julio Cortázar y 50 de la publicación de «El perseguidor», su conmovedora narración inspirada en la personalidad de Charlie Parker.

Un largo estudio de Jonio González profundiza en el divulgado concepto que sostiene que, así como la literatura es algo más que el arte de combinar las palabras, la música es algo más que el arte de combinar los sonidos. Y trae a primer plano obras de Michel Ondaatje, Ralph Ellison, Langston Hughes, LeRoi Jones, Boris Vian y otros autores que han escrito copiosamente sobre el jazz.

Hace diez años se editó en Buenos Aires (y se distribuyó en Montevideo gracias a la editorial Aletea) un libro de Carlos Sampayo titulado «Memorias de un ladrón de discos». Ahora se anuncia la continuación con las «Nuevas aventuras del ladrón de discos» y se transcribe todo un capítulo del mismo, confirmando que el autor entremezcla «la realidad diaria con sombras y ensoñaciones en el caldo de cultivo que es esa locura de amor al jazz».

La presente publicación incluye una entrevista al bajista californiano Raphael Saadiq (verdadero nombre: Charlie Ray Wiggins), un polifacético músico vinculado al rhythm and blues, el soul y el sonido de la Motown Records. Más adelante hay una nota referida a Walter Becker y Donald Fagen, el binomio que dio vida al proyecto Steely Dan, uno de los más populares conjuntos de jazz-rock.

Otra entrevista está dedicada a la cantante brasileña Luciana Souza, a quien le encanta hacer distintos géneros de música: «Mi voz es única y es mía y hago con ella lo que me apetece, por eso no necesito encerrarme en un cuarto y cantar sólo una cosa». También hay una conversación con el guitarrista y compositor Julián Lage, un joven de 21 años que hace poco editó su primer disco como líder, «Sounding point», y se ha revelado como un niño prodigio que a los doce años ya tocaba con Gary Burton.

Una nota alude al saxofonista Richie Kamuca (1930-1977), un olvidado que tocó con gigantes de la talla de Shelly Manne, Bill Holman, Stan Kenton y Woody Herman. Otra, firmada por el pianista y arreglador José Angelillo, profundiza el análisis musical de tres obras maestras del genial Thelonious Monk: «Ruby, my dear», «Epistrophy» y «Evidence».

Otra más estudia la evolución de la música klezmer y su relación con el jazz en América, desde sus primeras manifestaciones con Dave Tarras hasta los trabajos de David Krakauer, Mickey Katz, Don Byron, John Zorn y grupos como The Klezmatics.

El rubro de cine y música presenta el film «Bajo el peso de la ley», dirigido por Jim Jarmusch en 1986, con una banda sonora musical del saxo alto John Lurie, acompañado por Curtis Fowlkes, Marc Ribot, Nana Vasconcelos y otros vanguardistas.

Este magnífico número doble se cierra con la habitual sección de crítica de los discos de reciente aparición, pero hay que destacar una extensa y bien documentada nota de Fernando Ortiz de Urbina que demuestra que hace medio siglo se producían hechos de singular importancia para el jazz. Por citar algunos: las grabaciones de «Kind of blue» (Miles Davis), «Mingus ah um» (Charles Mingus), «Time out» (Dave Brubeck), «The shape of jazz to come» (Ornette Coleman), «Giant steps» (John Coltrane) y «Finger poppin'» (Horace Silver). También sucesos luctuosos, como las muertes de Sidney Bechet, Billie Holiday y Lester Young.

Es fácil estar de acuerdo con Ortiz cuando termina afirmando -después de diez nutridas páginas- que «es posible que la riqueza del jazz de 1959 no tenga parangón y que nunca vuelva a repetirse».

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