Sin noticias de Margaret, uruguaya desaparecida en Argentina

Hugo Acevedo

 

La memoria de un país no se limita a la mera evocación y recreación de hitos o la veneración de sus héroes, habitualmente confinados en el bronce de los monumentos o las páginas de los libros. La historia, para no ser una materia muerta encerrada en el sarcófago del pasado, debe trasmutarse en arcilla que permita amasar renovadas utopías.

El presente de un país se escribe con espíritu crítico, pero sin prejuicios ni sentimientos de frustración. El vocablo derrota debe desterrarse definitivamente de nuestro léxico cotidiano, para espantar definitivamente los fantasmas de la indiferencia y la resignación.

La dictadura que abortó todos nuestros sueños y silenció voces contestatarias durante doce años hirió de muerte al ser nacional. Quizás la peor herencia de ese oscuro período sea la pérdida de valores intrínsecos a nuestra identidad, que es indispensable recuperar antes que sea tarde.

Dieciséis años después de la restauración de las instituciones, aún padecemos el trauma de los desaparecidos durante el gobierno autoritario. Clausurado jurídicamente el capítulo de la justicia por la ley de impunidad, padres, madres, hermanos e hijos aún luchan por un fragmento de verdad que comience a cerrar las heridas del tejido social que aún permanecen abiertas. En medio de esa irrefrenable pulsión de búsqueda y rebeldía que se niega a sucumbir, aflora permanentemente el recuerdo que nombres y rostros que ya no están entre nosotros.

«Sin noticias de Margaret», la obra testimonial de Graciela Jorge y Silvana Monzillo, reconstruye la efímera vida de una joven uruguaya desaparecida en Buenos Aires en 1977, cuando toda la región estaba sojuzgada por las guardias pretorianas del imperio.

Como otras mujeres de su generación, Margaret Burgueño luchó por una sociedad más justa y solidaria, inmolándose por sus ideas y convicciones en una Argentina que, por entonces, vivía la pesadilla del terrorismo de Estado.

El libro recrea la vida, pasión y muerte de la joven, a través de múltiples testimonios de familiares, amigos y vecinos. Numerosas cartas y poemas escritas de puño y letra por la propia Margaret nos permiten romper con las coordenadas del tiempo y el espacio.

Las autoras emprenden un viaje rumbo a las entrañas del pasado, para recuperar la memoria de esta rebelde con causa que desafió al poder en nombre de la dignidad.

Margaret Bugueño era una joven minuana que nació y creció en el seno de una familia humilde pero luchadora, que le permitió educarse en la solidaridad y la defensa de los derechos de los desposeídos.

Desde su adolescencia, Margaret adhirió a la Juventud de Estudiantes Católicos, militando intensamente en la Casa de la Juventud, donde el padre Quaglia desarrolló el lema «ver, juzgar y actuar». En ese ámbito, las nuevas generaciones eran formadas en el compromiso con los ideales de justicia social.

Eran tiempos de efervescencia ideológica, marcados a fuego por la movilización de obreros y estudiantes, que compartían banderas, sueños y utopías.

Mientras la revolución cubana y Ernesto «Che» Guevara se erigían en paradigmas insoslayables, la escena espiritual se renovaba a partir del histórico Concilio Vaticano II. Nacía, entonces, un nuevo concepto de evangelio social comprometido con los pobres y la denominada teología de la liberación.

La lucha ya no se dirimía sólo en los ámbitos político o gremial. La irrupción de la guerrilla urbana era, en efecto, un punto de inflexión en las estrategias de movilización y resistencia.

Margaret Burgueño, definida por quienes le conocieron como una mujer dotada de carisma y capacidad de liderazgo, asumió todos los riesgos que era menester asumir para gestar un cambio que se tornaba impostergable.

Eran tiempos de cuestionamiento y de más preguntas que respuestas. La joven no se limitó a contemplar el paisaje social tal cual era, sino a reflexionar, interpretar y cuestionar las profundas contradicciones de su tiempo.

Las cartas, poemas y cuentos nacidos de la inspiración de una personalidad inquieta, osada y transgresora, nos permiten conocer a la Margaret militante y desafiante.

Graciela Jorge y Silvana Moncillo, asumiendo una tarea de investigación seguramente ardua y minuciosa, rescatan del olvido a una joven que dio la vida por sus ideales.

Dejando el relato en boca de otros testigos de la realidad, las autoras van avanzando en la evocación de esta joven desaparecida en una madrugada de 1977 en Buenos Aires, como tantas otras víctimas de las dictaduras que nos oprimían.

Margaret Burgueño es apenas un fragmento de la tragedia colectiva de un pueblo que no se dejó someter, pese a la represión, la persecución, la cárcel, la tortura y el exilio.

El libro evoca y reconstruye los momentos más cruciales de los últimos treinta años de nuestra historia, para evitar que las fracturas de la memoria colectiva se transformen en un trauma incurable.

Aun con el dolor de la pérdida irreparable lacerando corazones, los testimonios contenidos en este libro rescatan el recuerdo de una Margaret Burgueño que nunca se entregó ni se resignó a observar cómo la historia pasaba a su lado.

Desde su incipiente militancia humanista en la Casa de la Juventud de Minas a la Facultad de Ciencias Económicas, todo el itinerario existencial de esta joven estuvo permanentemente impregnado de heroísmo. Desafiando todo convencionalismo, vivió a su modo y dio su vida por lo que pensaba, en cada pintada, volanteada callejera o movilización. Desarrolló un inclaudicable trabajo social, consciente que era indispensable acompañar la teoría con la praxis.

Margaret era revolucionaria hasta en su modo de vestir, porque interpretaba que también este aspecto de la personalidad humana es parte de un modelo ideológico y de los patrones de convivencia social.

«Sin noticias de Margaret» es una crónica conmovedora, que exhuma sin traumas la tragedia colectiva uruguaya, que comenzó bastante antes de la pesadillesca madrugada del 27 de junio de 1973, cuando un grupo de conspiradores inauguró la demencial aventura de usurpación de la soberanía popular.

Hoy, a dieciséis años del epílogo de la larga noche autoritaria que todos ansiamos sepultar definitivamente en el pasado, este libro constituye un valioso aporte para seguir reuniendo los aún dispersos fragmentos del Uruguay, humanista y solidario que se torna impostergable recuperar definitivamente.

(Editorial Cal y Canto)

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