Viaje a Tierra Santa
Leyenda jasidim
El rabí Wolf Kizes, discípulo del santo Ball Schem, quiso en cierta oportunidad viajar hacia la Tierra Santa. Fue a ver a su maestro para despedirse de él. El Baal Schem le dio su bendición para el viaje y le dijo las palabras siguientes:
–Reb Wolf, sed cauteloso al hablar y pensad bien lo que respondéis. Reb Wolf se puso en marcha y se embarcó en una nave. La nave amarró junto a una isla y quedó allí durante algunas horas. La gente bajó a tierra, todos compraron alimentos y bebidas y volvieron pronto al barco. También Reb Wolf Kizes bajó a tierra, a fin de poder decir con la debida devoción sus oraciones. Y oró durante tanto tiempo y con tal fervor que olvidó todas las codas del mundo y el barco siguió viaje sin él. Reb Wolf se quedó solo en la isla. Cuando hubo terminado sus oraciones, miró alrededor suyo y se dio cuenta que él era el único que había quedado allí.
Vio un angosto sendero y se dejó llevar por él. El sendero lo condujo hacia una casa. Entró y encontró allí a un viejo judío. El anciano lo saludó y le dirigió estas palabras:
–Reb Wolf, ¿por qué estais tan afligido?
Reb Wolf Kizes respondió:
–¡Cómo no he de estar afligido si ha partido mi barco y me he quedado solo en la isla!
Entonces el anciano lo consoló diciendo:
–No os preocupéis, Reb Wolf. Pasaréis aquí el sábado. Después del sábado llegará otro barco que os recogerá. Encontraréis en mi casa un baño y un cuarto para orar.
Y todo sucedió así. Reb Wolf Kizes pasó allí el sábado, y el domingo llegó otro barco y se detuvo delante de la isla.
Reb Wolf Kizes fue hasta el puerto y el anciano lo acompañó. Reb Wolf temía que de nuevo partiera el barco sin él. El anciano le dijo:
–Reb Wolf, olvidé preguntaros algo: ¿cómo lo pasan los judíos en vuestra tierra?
Y Reb Wolf, preocupado todavía como estaba con motivo del barco, contestó al anciano brevemente:
–¡Dios no los abandona!
Diciendo estas palabras subió a bordo y el barco se hizo a la mar.
Cuando el barco ya se había alejado un buen trecho, Reb Wolf sintió remordimiento por haberle dado al anciano una respuesta tan irreflexiva y recordó las palabras que su maestro Baa Schem le había encomendado para observarlas en el camino. «¿Por qué –se dijo–no le hablé de la gran miseria que padecen los judíos en mi tierra? Pero lo hecho está hecho». Y Reb Wolf Rizes decidió no continuar su viaje a Tierra Santa y retornar para ver al Baal Schem.
Emprendió el viaje de regreso y llegó hasta el Baal Schem. El santo rabí lo saludó y le dijo:
–El anciano que has visto es nuestro padre Abraham. Todos los días el santo patriarca se presenta ante el Señor y le pregunta: «Creador del mundo, ¿cómo les va a mis hijos?» Y el Credor le responde: «No los abandono. Y si quieres una prueba de ello, has de saber que pronto Reb Wolf emprenderá su viaje a Tierra Santa. Es un hombre honrado y a él puedes preguntárselo».
Si tú le hubieras contado al padre Abraham acerca de las grandes penurias que pasan sus hijos en el exilio, habría llegado la salvación para todos los judíos. Pero tú olvidaste mi consejo y por lo tanto aún continuarán las penurias del exilio.
Quiera el Señor, loado sea su Nombre, apiadarse pronto de nosotros. Amén.
* La secta judía de los Jasidim, de Europa Oriental, es famosa por sus historias extraordinarias. Alexander Eliasberg editó una recopilación de ellas tomadas de K’hal jasidim y otros libros en ydish y hebreo.
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