LA BIOTECNOLOGIA AL SERVICIO DE LA DOMINACION MUNDIAL

En «El mundo según Monsanto», que próximamente será exhibida en nuestro país, Robin hace, al igual que en el filme «Escuadrones de la muerte», una investigación exhaustiva sobre el desarrollo biotecnológico de la empresa Monsanto. Es una historia que habla de productores agrícolas afectados, personas enfermas, científicos despedidos, funcionarios que pasan de la función pública a la privada, en una práctica que se conoce como «puertas giratorias», y del control de lo que se consume.

Este documental de 108 minutos, rodado en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, India, México y Paraguay, es un «abc» de cómo Monsanto introdujo en el mercado los PCB, el herbicida Round Up junto a la Soja Round up Ready, la hormona de crecimiento bovino y las semillas BT. El filme comienza con los PCB, un compuesto químico que se utiliza, entre otras cosas, para los transformadores eléctricos y que fue la estrella de la compañía por 30 años, hasta su prohibición en Estados Unidos. La directora utiliza el tema de los PCB y su contaminación en la localidad de Anniston para mostrar que la empresa mintió al negar que provocaban polución y estaban relacionados con enfermedades como el cáncer, hepatitis y diabetes.

De hecho, la empresa perdió una demanda por 700 millones de dólares en indemnizaciones a los habitantes del lugar, además de tener que descontaminar y construir un hospital, aunque ningún ejecutivo fue juzgado. En el caso de la Soja Round Up Ready, modificada genéticamente para resistir al herbicida Round Up Ready (glifosato), Monsanto también comenzó diciendo que era biodegradable, hasta que fue condenada por publicidad engañosa. De acuerdo con testimonios de ex funcionarios y científicos, muchos de los cuales fueron despedidos, los gobiernos estadounidenses acomodaron los reglamentos para favorecer a Monsanto y declarar que las plantas genéticamente modificadas eran para la FDA iguales que las no modificadas. La soja (soya) transgénica fue autorizada durante la gestión de Bill Clinton.

Lo mismo sucedió con la hormona del crecimiento bovino, que fue aprobada pese a advertencias científicas de afecciones en los animales, y las semillas BT, una modificación genética para que la planta repela a determinado insecto. Cuando una empresa tiene las patentes de las semillas, como en el caso de Monsanto con algunas por ahora, el potencial es que controle todo el mercado alimenticio.

Aunque parezca ciencia ficción, las patentes obligan a los productores pequeños a endeudarse para pagar cada año sus semillas y son controlados para que no eviten el compromiso firmado con la empresa. Un cortometraje francés titulado «Déjenlos crecer», de Christelle Soutf, hace una parodia perfecta, mediante la animación, sobre la aparición con promesas maravillosas de la empresa que vende transgénicos y las modificaciones en la tierra, los animales y el entorno, además de la dependencia del productor.

Otro corto, «Juegos prohibidos», del surcoreano Ji-suk Jung, rescata el cine mudo, aunque con animación y colores, para denunciar la actitud de los humanos hacia su hábitat, y pregunta: «¿A qué estás jugando con la tierra?, Ahora, ya no eres amigo de la tierra».

«Ecos de la tierra», un corto del brasileño Paulo Abel Baraldi, muestra a una mujer plantada como un árbol a la que todos maltratan hasta su caída mortal. El documental «Yindabad», de 58 minutos, es un trabajo de un grupo de jóvenes documentalistas que viajan a India para levantar la voz de cientos de miles de personas afectadas por la instalación de una red de represas que ya inundó el hábitat de 35.000 familias, la mayoría de ellas de comunidades étnicas que no pueden subsistir en los lugares a los que fueron trasladadas.

Denuncian, además, que esas represas tienen como objetivo dar más energía a personas que tienen una codicia de consumo eléctrico, mientras que a los habitantes indígenas, campesinos y pescadores del Valle Narmada ese desarrollo los termina dejando en la marginación. Cuando el proyecto se termine habrá 2,5 millones de afectados. «El gobierno opina que está bien si nos quitan el pan y el agua y nos morimos pero el aire acondicionado y las neveras de las ciudades no pueden pararse. ¿En qué libro han leído que tienen que matar a los pobres para alimentar la codicia de los ricos?», pregunta una de las desplazadas por la inundación.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje