Nueve actores. Por el Instituto de Actuación de Montevideo

Emma Bovary, una obra de Ana María Bovo, en la escena de Espacio Palermo

La autora de la obra, la escritora argentina Ana María Bovo (San Francisco, Córdoba, Argentina 1951) ha innovado radicalmente sobre la novela de Flaubert: queda poco en esta «Emma Bovary» del empedernido alquimista de Croiset. En cuanto a la trama, Bovo pone al principio la escena de Emma en la ópera, viendo con su marido «Lucía de Lammermoor», escena que en la novela de Flaubert sucede en el capítulo XV. Aparte de una extraña idealización de…¡Charles Bovary!, Bovo se limita a las infidelidades de la protagonista con Rodolphe Boulanger primero y con León Dupuis después, para rematar con la muerte de Emma, escrita por Flaubert con la misma impiadosa perfección en la mente y un manual de Toxicología en la mano izquierda. Es, como suele ocurrir con estas adaptaciones, muy poco más que una historia triste.

Pero lo más curioso de la obra de Bovo es que no hay una distribución de papeles, sino que los nueve actores dicen y representan, a veces por turno y a menudo en forma coral, a los personajes: a veces Rodolphe es interpretado por una mujer, a veces Emma es una actriz, pero a la escena siguiente es otra. Hay además algunos detalles tan arbitrarios como superfluos, como las repeticiones, las frases en francés (sobre todo el latiguillo «J’ai un amant»), y una tan misteriosa como insistida alusión a la conocida letrilla de Quevedo «Don Dinero». Es verdad que Bovo tiene el mérito de haber leído el libro un poco mejor que Vargas Llosa, quien dice ver en los amoríos de Emma la frustración de «… ambiciones» (sic) «… que la religión y la moral occidental» (sic) «han combatido más bárbaramente.» y que encuentra en su heroína «…una ciega, tenaz, desesperada rebelión contra la violencia social que sofoca ese derecho» («La orgía perpetua», páginas. 18/19).

La puesta en escena a cargo de Agustín Maggi se acerca a la perfección. Es clara, inteligente, comunicativa; los efectos corales están muy bien ensamblados y la distribución y desplazamiento de los actores en un breve espacio es grata a la vista. Hay en el bien logrado paseo erótico de Emma y León en un coche de caballos por las calles de Rouen un guiño a «La dama de negro», de Stephen Mallatratt, adaptación a su vez de una novela de Susan Hill, que dirigiera Gabriela Iribarren en el año 2003, con la actuación protagónica del mismo Agustín Maggi.

Los intérpretes, todos ellos egresados del Instituto de Actuación de Montevideo, muestran competencia y seguro porvenir.

EMMA BOVARY, de Ana María Bovo, basada en la novela de Gustave Flaubert, por el Instituto de Actuación de Montevideo, con Lucas Barreiro, Tania Feurich, Daniela Mosca, Patricia Silveira, Paola Ferreira, Patricia Fry, Florencia Colucci, Florencia Piñeyro y Victoria Silva. Vestuario de Mercedes Willat, ambientación de Marcelo Carrizo, dirección de Agustín Maggi. En Espacio Palermo, Isla de Flores 1627.

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