RETORNO DESDE LAS ENTRAÑAS DEL INFIERNO

La trilogía «Milennium», del sueco Stieg Larsson, se ha convertido, desde su publicación entre 2005 y 2007, en un resonante fenómeno editorial. Su autor, periodista, reportero de guerra y activista contra toda forma de violencia, falleció, en forma inesperada, pocos días después de entregar a su editor el tercer volumen de la serie.

El escritor nórdico fue un concienzudo investigador, que denunció la trama oculta tras los grupos neo-nazis en su país y las conexiones entre la extrema derecha y el poder económico y financiero.

Sin embargo, recién con la publicación de «Los hombres que no amaban a las mujeres», título que inauguró la trilogía, Larsson se transformó en un autor de culto a nivel internacional.

Más allá del talento del desaparecido literato para armar novelas que poseen ingredientes taquilleros con fuerte repercusión de mercado, quizás la principal razón del poderoso atractivo de la saga sea la magnética figura protagónica de Lisbeth Salander.

Esta enigmática mujer posee, por sí sola, todas las características para sostener una obra de ficción y exhibe un cúmulo de rasgos psicológicos que la tornan un personaje de indudable atractivo comercial.

Salander es una joven que detesta a los hombres en general, pero que enfoca parte de su vida en una vendetta personal contra alguien en particular, que la humilló y vejó, marcándola al punto de transformarla en una persona fría y deshumanizada.

Este aspecto de mujer maltratada, tan vendible actualmente, se complementa con un intelecto genial. Es una experta hacker, una hábil estafadora capaz de pulverizar todos los sistemas de seguridad informática del mundo y una talentosa espía, que se burla recurrentemente de sus enemigos.

Esta deslumbrante fémina es la relatora principal de la saga, aunque hay otros personajes no menos importantes que narran la acción desde sus variados puntos de vista, aunque sin llegar a convertir a las historias en las tan habituales novelas corales.

En «La reina en el palacio de las corrientes de aire», la última obra que completa la trilogía, Salander insólitamente resucita, luego de la pesadilla padecida en «La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina».

En esas circunstancias, su retorno de la muerte muta en despiadada venganza. En este nuevo relato, la protagonista perpetra unos cuantos homicidios, se desquita de quien la ultrajó, limpia su desprestigiado nombre y hasta se permite sobrevivir.

Mikael, su obsesionada ex pareja, también juega un papel preponderante desde su labor periodística, en la investigación de los oscuros entretelones de la densa trama.

Al mejor estilo de los productos bien comerciales de la fábrica de sueños de Hollywood, la protagonista emerge airosa ­casi sin despeinarse­ del enfrentamiento con sus pérfidos enemigos.

Más allá del innegable talento del autor para componer narraciones atrapantes, «La reina en el palacio de las corrientes de aire» resulta apenas un pasatiempo liviano y disfrutable, destinado a los consuetudinarios amantes de las emociones fuertes.

(Editorial Destino)

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