"BELLAMY": ENTRE LA OBSESION Y LA INTRIGA
La película, que es protagonizada por el mítico talento galo Gérard Depardieu, sintoniza con la estética del célebre realizador, cuyo cine discurre habitualmente entre el ejercicio de suspenso, los conflictos humanos y una ácida mirada sobre los hábitos de la pequeña burguesía de su país.
A los 79 años y con una carrera de más de cuatro décadas a cuestas, Chabrol (foto superior) es una de las figuras sin dudas más emblemáticas del cine europeo, cuya producción incluye más de medio centenar de títulos.
Precursor de la Nouvelle Vague, dirigió filmes tan recordados como «El bello Sergio», «Los primos», «Una doble vida», «Las ciervas», «Accidente sin huella», «El carnicero», «Máscaras», «Pollo al vinagre» y «La ceremonia», entre otros.
Su película anterior, «Una mujer partida en dos», que se estrenó el año pasado en nuestro circuito comercial, es una visión bastante oscura y decadente sobre las crisis afectivas y la hipocresía de la intelectualidad y la alta burguesía.
Sin embargo, el relato está bastante distante de la acostumbrada potencia expresiva que suele exhibir el cine de Chabrol, que casi siempre depara al espectador una experiencia de seducción.
En «Bellamy», el famoso realizador construye una historia deliberadamente intrincada, que discurre entre el género policial y una aguda mirada sobre las conductas de personajes complejos.
El protagonista de la historia es el detective Paul Bellamy -sólidamente encarnado por Gérard Depardieu- quien, casi sin proponérselo, comienza a investigar el extraño caso de un individuo que finge su muerte para cobrar una póliza de seguros.
Aunque el autor de la presunta maniobra delictiva naturalmente sobrevive, la aparición en la costa del cadáver calcinado de un marginal dispara la indagatoria policial y judicial.
Mientras el veterano investigador intenta disfrutar de su licencia en la campiña francesa y elude elegantemente el viaje que su esposa tanto ansía, la trama lo va atrapando lentamente.
El enigmático prófugo de la justicia que ronda el jardín de su casa cotidianamente, se transforma, a la sazón, en una razonable fuente de curiosidad y obsesión.
Sin embargo, la resolución de ese caso no es el único problema que afronta el obeso policía, quien consume cansinamente su tiempo ejercitando su mente con palabras cruzadas, ingiriendo bebidas alcohólicas y observando indiferente las imágenes de su moderno aparato de televisión.
La presencia de un joven e irresponsable hermano que se aloja en su vivienda y de una esposa complaciente pero de conducta bastante ambigua, detonan inesperados conflictos afectivos
En ambos casos, hay una relación de amor-odio que nace de desencuentros nunca dirimidos y hasta una cierta sensación de mutua desconfianza que aflora permanentemente a la superficie.
Administrando sabiamente las tensiones, Claude Chabrol narra dos historias paralelas: la encubierta investigación de un presunto crimen y la compleja convivencia de tres seres ambivalentes y psicológicamente inestables.
El cuadro familiar reproduce las habituales escenografías dramáticas que han caracterizado a la producción del realizador galo, que suelen indagar en la hipocresía y la doble moral de la pequeña burguesía.
No en vano la esposa de Bellamy disfruta de una cuantiosa renta, que le permite compartir, junto a su esposo, un estilo de vida holgado y sin apremios económicos.
Aunque el relato apunta a homenajear a la mejor tradición del género policial al estilo del magistral novelista belga George Simenon, la inicial intriga se desdibuja hasta un desenlace bastante previsible y convencional.
Más allá de eventuales altibajos, el genio y la fina ironía de Claude Chabrol asoman en el epílogo de la narración, durante una circense audiencia que desnuda las flagrantes disfuncionalidades del sistema judicial francés.
Al frente de un reparto sólido y competente, sobresale la interpretación protagónica del interminable Gérard Dépardieu, cuyo carismático talento mejora sustancialmente la calidad del producto final.
Bellamy. Francia 2009. Dirección. Claude Chabrol. Guión: Claude Chabrol y Odile Barski. Música: Matthieu Chabrol. Fotografía: Eduardo Serra. Reparto: Gérard Depardieu, Clovis Cornillac, Jacques Gamblin, Marie Bunel, Vahina Giocante, Marie Matheron, Adrienne Pauly y Rodolphe Pauly.
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