LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Expresiones ambiguas

Leyendo El Observador del lunes 17, me encuentro con este título:

«Estado y empresas ponen proa a la investigación innovadora».

Confieso que me sorprendió grandemente, ya que en un principio creí que el gobierno y los empresarios se oponían a la investigación innovadora, que estaban en contra de ella, lo cual me pareció un despropósito mayúsculo, teniendo en cuenta los llamamientos y exhortaciones que a diario oímos de boca de todos los candidatos sin excepción a favor de la investigación.

Púseme, pues, a leer la nota en cuestión, lo que me permitió advertir que se trataba, justamente, de lo contrario: tanto el Estado como las empresas están impulsando la investigación innovadora. Respiré aliviado.

Entonces, ¿qué había ocurrido? ¿Cuál era la razón de la confusión? Muy sencillo. Sucede que la expresión «poner la proa» o «poner proa» a algo puede significar tanto «poner la mira en una meta y hacer las diligencias necesarias para llegar a ella», cuanto «actuar con el propósito de perjudicar algo o a alguien». ¡Habráse visto incoherencia semántica más gruesa!

Aunque pensándolo bien, hay una cierta lógica. En efecto, la proa es la parte delantera de un navío con la cual éste corta las aguas, y por extensión, la parte delantera de cualquier vehículo. Es común que se diga, para expresar el rumbo o el destino que lleva la nave o el vehículo de que se trate, «el bajel puso proa hacia Dakar», o «Bueno, suban todos al camión que vamos a poner proa al Este». En estos casos, «poner proa» significa definir el rumbo hacia una meta.

En cambio, al mismo tiempo, la proa de una nave (sobre todo si contiene un espolón) puede servir para embestir y destrozar a otra nave enemiga. En esta acepción, la expresión «poner la proa» llega a significar exactamente lo contrario de la primera, esto es, poner trabas, impedir que se concrete algo, oponerse a una iniciativa, torpedear una idea, sabotear un proyecto. Es por eso que oímos expresiones tales como «Los blancos le pusieron la proa al proyecto de ley», o «El gerente le pone la proa a cada sugerencia mía».

–Muy interesante, Mendieta, muy interesante. Ahora, yo le pido que no le ponga la proa a mi idea de tomarnos la otra, y que pongamos proa prestamente hacia la botella de grapa…

–¡Qué lo parió!

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