Frida Kahlo cobra vida en la Zavala Muniz
El humor, la risa, el tequila, las pinturas, los aromas, sus recuerdos, sus miedos, sus dolores y por sobre todas las cosas su alegría de vivir.
Un monólogo a cargo de la actriz Adriana Do Reis, que encarna a Frida en una obra escrita por el mexicano Humberto Robles y dirigida por Daniel Torres que fue nominada al premio Florencio como mejor actriz 2005.
Proyecto ganador de las Ediciones 2007 y 2009 de los Fondos Concursables para el Fomento Artístico y Cultural de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura.
Participación en el 1er. Festival de Unipersonales de Uruguay (Fituu) 2006.
Obra seleccionada para la 16ª edición del Festival Porto Alegre em Cena, setiembre 2009.
Aun muerta, Frida también está llena de vida. En los últimos años se ha convertido, primero en un mito y, después, en una figura a la que se le rinde culto. En México, Frida es reconocida como la mujer artista más importante de su país y, en opinión de muchos, la artista mayor de México. En 1984 el gobierno mexicano decretó la obra de Frida Kahlo patrimonio nacional, porque tiene un valor estético inequívoco y ha alcanzado reconocimiento unánime dentro de la comunidad artística nacional.
Para todas las mujeres del mundo, y en especial para las artistas, Frida es un ejemplo de fuerza perseverante. Ella pintó a pesar de todo: trabajó en una cultura de machos y en la cúspide del muralismo, cuando una mujer que hacía pinturas de caballete pequeñas y muy personales no merecía mucho respeto. No se desalentó con la enorme fama y fiera fibra artística de su marido, Diego Rivera, ni compitió con él, ni era condescendiente.
Y continuó pintando a pesar del dolor. Para los mexicanos Frida es una heroína política; demostró su amor por la raza en su vida y en su pintura. Para los enfermos, de hecho para cualquier oprimido por cualquier tipo de pena, ella ofrece la esperanza. Sus obras son tan poderosas que la gente que las mira siente que Frida le habla directa y específicamente. Y a pesar de toda su angustia, el obsequio final de Frida Kahlo es la preeminencia de la alegría.
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