CUANDO EL CONTROL FUE DE LOS HIPPIES
Michele Dean era una jovencita seria cuando llegó al festival de rock de Woodstock en 1969, pero no lo fue por mucho tiempo más. Los primeros que recibieron a la joven de 17 años recién graduada fueron «dos muchachos y una chica que salieron desnudos de un lago».
«Dios mío», dice Dean, que hoy tiene 57 años y trabaja para IBM, «en aquella época no me esperaba algo así».
Luego llegó la muchedumbre de medio millón de personas que derribó el alambrado para tres días de música rock, drogas y desnudez. «Pasé todo el tiempo con la boca abierta», dice Dean, que 40 años más tarde no sale de su asombro.
Para aquellos que asistieron, Woodstock fue algo casi mágico, un momento en que las reglas quedaron en suspenso, los hippies tomaron el control y los grandes del rock como Jimmy Hendrix estaban en su apogeo. En términos prácticos, Woodstock fue de verdad un milagro, cuenta Mel Lawrence, director de operaciones del evento realizado en ese lugar al norte de Nueva York.
Los organizadores tenían planes para 100.000 personas. Llegaron cuatro veces más.
Una vez derribado el alambrado, el concierto quedó abierto para todo el mundo. Casi no había saneamiento ni refugios. «En cierto punto, el segundo día nos quedamos sin comida», cuenta Lawrence.
Y sin embargo, a medida que aumentaba el caos, los organizadores, los líderes de la contracultura, los habitantes del lugar que en su mayoría eran gente conservadora y los miles de fanáticos del rock, se las arreglaron.
Los lugareños suministraron comida, los organizadores consiguieron platos de papel y cientos de miles de personas recibieron la comida. Dean recuerda que la mayoría demostró un verdadero espíritu hippie, compartiéndolo todo y sin actitudes de mala onda.
Cuando dos jóvenes comenzaron a pelearse, «los demás simplemente los rodearon tomándose de la mano en círculo, y los dos chicos terminaron abrazándose».
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