CANCIONES QUE MECEN EL ALMA
Debería decirse que la voz de Vera Sienra posee magia. Su voz de registro cálido está siempre impregnada de una dulzura cautivante. Aún en canciones que pueden transitar zonas de desgarro y dolor, su voz transmite una sensación de sosiego, de calma, de paz, que muestra al desnudo un alma que ha librado mil batallas. Batallas que han dejado una profunda huella en su modo de ser y que han reafirmado su desde siempre compromiso y confianza en los más altos valores de la condición humana. La suya es una búsqueda permanente de la belleza y la bondad. Sus canciones se nutren de vivencias que luego de pasar por el tamiz de su fina sensibilidad, se vuelcan despojadas y al mismo tiempo generosas sobre quien las escucha.
Lo suyo es la sensibilidad vale remarcarlo la capacidad de capturar sensaciones y situaciones que más allá de su vivencia personal tienen el valor de la universalidad y que, por lo tanto, son sensaciones y situaciones comunes al alma humana. Escucharla es siempre someterse a un examen introspectivo. Es enfrentarse a una voz que dice, que canta con suavidad, dulzura o desgarro; una voz que se afirma en el hecho de que podemos ser mejores, una voz que alienta a no bajar lo brazos, a no renunciar a los mejores sueños y que, al mismo tiempo, enseña a aceptar, de la mejor manera, lo inexorable.
Artista multifacética, su permanente búsqueda de formas de expresión del alma, la ha llevado también a crear una bella poesía y una compleja e intrincada obra plástica.
El disco que presentará el viernes próximo titulado sugestivamente «Modo de hacer el fuego», es una de esas obras que deben ser apreciadas con la debida atención. Hacer una pausa, detener la ansiedad y simplemente escuchar, esa es la actitud correcta para capturar y comprender toda la belleza que se desprende de ella. En este siglo viasatelizado en donde todo parece ser efímero y apresurado, Vera Sienra ofrece, desde su madurez, un remanso de aguas calmas en donde beber poesía y belleza. En el librillo que acompaña el disco Sienra dice: «… las canciones animan a seguir, limpian algunas heridas, acompañan. Si este fuera el caso, recién entonces tendrá sentido haberlas cantado».
Vaya si lo tiene, claro que si.
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