La errática identidad política de un continente balcanizado
En «El giro republicano», el politólogo Adolfo Garcé, con la colaboración de Ramón Antonio Gutiérrez Palacios, elabora un minucioso ensayo que aborda las crisis, rupturas y disfuncionalidades de las democracias latinoamericanas.
Este trabajo, que fue elaborado bajo el auspicio del Centro Mundial de Investigación para la Paz, apunta a decodificar las diversas facetas de la crónica inestabilidad institucional de nuestro continente.
En ese contexto, los autores repasan y analizan los diversos ciclos de democratización de los países de la región, a la luz de la experiencia histórica y las marchas y contramarchas de los procesos políticos, sociales y económicos.
Ese periplo de lectura de dimensión sociológica conduce -inexorablemente- a la comprobación de que, durante décadas, ha predominado una concepción errónea de la representación.
Los autores critican el modelo institucional de América Latina, aduciendo que existe una desmesurada concentración del poder en la figura del presidente en detrimento de los parlamentos, que son los cuerpos depositarios de la totalidad del espectro de opinión.
El análisis propone refundar nuestras democracias con un criterio más pluralista, condición sine qua non para transformarlas en genuinas repúblicas.
Aunque a grandes rasgos las posturas sustentadas son bastante compartibles, el libro omite contextualizar la peripecia de los países latinoamericanos en la siempre dinámica e inestable historia contemporánea.
Esa circunstancia, que parece deliberada, conspira contra una mejor comprensión del problema abordado, que para nada está disociado de los vaivenes originados en las cruciales batallas ideológicas que signaron el siglo pasado.
Parece poco verosímil que se soslaye, por ejemplo, la influencia de la denominada guerra fría en la política de alineamientos de las denominadas naciones periféricas.
En efecto, las dictaduras genocidas de la segunda mitad del siglo XX inspiradas en la doctrina de la seguridad nacional, tienen su génesis en una tesis hegemónica de raigambre imperialista.
Por ende, la inestabilidad institucional característica de las décadas del sesenta y el setenta, fue hija del ominoso vientre de esos experimentos políticos de dominación continental.
Por supuesto, esos autoritarismos -maquiavélicamente manipulados desde los escritorios de la Casa Blanca y el Pentágono- fueron alimentados también por las oligarquías nacionales que pretendían preservar sus ilegítimos privilegios.
Estos temas son abordados apenas epidérmicamente por este trabajo, lo cual amputa radicalmente el planteo conceptual de la presunta ingobernabilidad de nuestra América.
Al margen de estas precisiones, que resultan naturalmente ineludibles, «El giro republicano» es un análisis plausible y hasta saludable, que reactiva el necesario debate en torno al destino de nuestro flagelado continente.
Coincidentemente, la instalación de bases militares norteamericanas en territorio colombiano, constituye, sin dudas, una nueva fuente de conflictos que confirma la inquietante vigencia de las tentaciones expansionistas, mientras el mundo asiste a la debacle del capitalismo global.
En el capítulo inaugural, los autores ensayan una profunda relectura histórica en torno a las marchas y contramarchas de las democracias latinoamericanas, sus ciclos, quiebres y disfuncionalidades.
Partiendo de la tesis de que existen algunas democracias estables con gobiernos inestables, los analistas asumen la dimensión eminentemente teórica del problema.
En ese contexto, parafrasean las concepciones clásicas de Platón, Aristóteles, Locke y Montesquieu, procurando hallar en ellas las respuestas al dilema.
Si bien dichos pensadores siguen siendo insoslayables referencias históricas, resulta de meridiana claridad que la realidad contemporánea requiere otros procesos de síntesis conceptual.
Al abordar el tema del presidencialismo en la región, los responsables de este trabajo establecen parangones no siempre pertinentes a la dilucidación del problema en toda su magnitud.
En efecto, el desmedido elogio al modelo norteamericano conjugado a través de la invocación a los «padres fundadores», no resulta demasiado compatible con nuestra realidad regional.
Mientras la estabilidad del sistema estadounidense es fruto de un monolítico discurso ideológico único, América Latina padece las naturales fracturas de un continente dependiente, semi-colonial y con fuertes asimetrías sociales.
Incluso, en la potencia del Norte la deprimida situación de las minorías étnicas expoliadas es impropia de un sistema democrático que se precie de tal.
Los autores reproducen varios estudios internacionales comparativos que evalúan la calidad de las democracias latinoamericanas, en los cuales Uruguay siempre ostenta un sitial de privilegio.
Con abundante aportes de politólogos y conocidos especialistas, el ensayo transita los áridos territorios de la controversia, al identificar la génesis y desarrollo de los conflictos más frecuentes.
Si bien muchas de las reflexiones vertidas en este libro discurren por andariveles altamente compartibles, otras resultan ciertamente paradójicas y contradictorias.
En efecto, no es posible disociar a los sistemas liberales de modelo occidental de la lógica burguesa convencional, fuente teórica de hegemónicas y exasperantes concepciones de clase.
El antagonismo entre democracia y oligarquía, propio de los debates académicos, padece una flagrante contradicción: la recurrente coexistencia entre ambos bajo el mismo paraguas institucional.
La crítica a los populismos explicada en este trabajo mediante la visión de numerosos analistas, también admite razonables discrepancias por la falta de precisión en las definiciones.
Por ejemplo, considerar que los movimientos guerrilleros internacionalistas de las décadas del sesenta y el setenta fueron de inspiración populista, constituye un garrafal error conceptual.
Tampoco son asimilables, como se afirma, el peronismo y el socialismo bolivariano de Hugo Chávez, que responden a circunstancias históricas y presupuestos teóricos radicalmente diferentes.
Aunque pueda admitirse que los populismos se alimentan de las insatisfacciones colectivas y generan habitualmente polarización, el aumento del gasto social y la redistribución de la riqueza son virtudes que identifican a las democracias verdaderamente genuinas.
No obstante, más allá de eventuales discrepancias, este trabajo es un fermental aporte a la reflexión colectiva, que apunta a decodificar las claves de las habituales crisis de representación política que aquejan a nuestra América Latina.
La conclusión, que naturalmente compartimos, es que las repúblicas latinoamericanas deben consolidarse sobre la base de un sistema pluralista, que minimice la concentración del poder y otorgue protagonismo al cuerpo social en su conjunto.
Esta es, obviamente, una condición indispensable para construir democracias institucionalmente sólidas, maduras y estables, que reivindiquen los valores supremos de la libertad, la justicia social y la solidaridad.
«El giro republicano» es un ensayo serio y bien documentado, que pone nuevamente sobre el tapete los renovados desafíos y encrucijadas que afronta nuestro continente, recurrentemente jaqueado por las tentaciones imperialistas de los grandes centros del poder hegemónico.
(Editorial Trilce)
Compartí tu opinión con toda la comunidad