Cine. "Imagen final", la cinta sobre el asesinato de Leonardo Henrichsen

El hombre que filmó a su verdugo

Fue tres meses antes del golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973 contra al presidente socialista Salvador Allende, que dio paso a 17 años de dictadura encabezada por el hoy fallecido Augusto Pinochet.

La revuelta militar conocida como el Tanquetazo fue sofocada en pocas horas por fuerzas leales al gobierno izquierdista de la Unidad Popular, con acciones represivas en pleno centro de Santiago, cerca del palacio presidencial de La Moneda.

Los enfrentamientos entre militares dejaron 22 civiles muertos, entre ellos Henrichsen, de 34 años, quien trabajaba como corresponsal en Chile de la Televisión Nacional de Suecia y filmó a los militares que le dispararon a quemarropa mirando a cámara.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo, pero el crimen quedó impune. Su historia ahora se actualiza en un largometraje que acaba de estrenarse en Argentina.

«Es una inmensa paradoja que con la evidencia dejada haya pasado tanto tiempo sin que el asesino tuviera un nombre», declaró a IPS Andrés Habegger, director de «Imagen final», la película sobre el asesinato de Henrichsen. «Esa fue una de las motivaciones principales para hacer el documental», reveló.

El filme, que se estrenó este jueves en Buenos Aires, se lanzará en Chile en setiembre y luego en Suecia.

Henrichsen murió el 29 de junio de 1973 cubriendo el Tanquetazo, la rebelión de un grupo de oficiales del regimiento de tanques Blindados Nº 2 de Chile, liderada por el teniente coronel Roberto Souper, en oposición a una serie de arrestos dispuestos por la cúpula castrense tras abortar una conspiración contra Allende.

Quizás la imagen más contundente asociada a la memoria de aquella rebelión fue el registro audiovisual logrado por Henrichsen. El camarógrafo filmó al cabo que le apuntó y le disparó en la calle a metros de La Moneda, y enseguida al soldado que le tiró desde un camión por orden del primero. Apenas 50 segundos después, el camarógrafo cae al pavimento y la pantalla queda en blanco. Según testimonios recogidos en el filme, los militares le arrebatan la cámara y la tiran a una alcantarilla. Pero el periodista Eduardo Labarca la recoge poco después y las imágenes llegan a la televisión chilena y argentina.

«El golpe del 11 de setiembre fue tan grande que opacó estos hechos previos», cuenta el cineasta. El crimen del camarógrafo prescribió y su asesino quedó impune.

«La película puede ayudar a instalar el tema y empujarlo nuevamente», se esperanza Habegger. El asesinato del cronista no pudo ser considerado crimen de lesa humanidad, y por lo tanto imprescriptible, porque no fue cometido durante la dictadura sino antes, en plena democracia.

Por eso Habegge cree que la película no sólo tiene valor histórico. «Evoca las marcas que deja la historia de Chile en la actualidad» y «denuncia que hay quienes no quieren que queden registros de un pasado doloroso que algunos quisieran barrer debajo de la alfombra en lugar de aprender a convivir con él».

En la película habla la hermana, testigos del crimen, y colegas que recuerdan al camarógrafo como un profesional valiente y comprometido.

Tiene peso el testimonio del periodista chileno Ernesto Carmona, que en 2006 descubrió que el autor intelectual y probablemente material del disparo mortal fue el cabo Héctor Bustamante Gómez, fallecido en diciembre de 2007 sin haber sido juzgado.

«La película logra más que la Justicia, porque la Justicia prácticamente no hizo nada», aseguró el cineasta.

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