Acontecimiento. El filme de Steven Soderberg se estrena el próximo viernes

Che: guerrilla, el martirologio de un enamorado de la libertad

El filme, de ciento cuarenta minutos de duración, es la continuación de «Che: el argentino» y está naturalmente protagonizado por el actor portorriqueño Benicio del Toro, quien logra una brillante caracterización del guerrillero heroico.

Como se recordará, la parte inaugural de esta obra de largo aliento, que se estrenó en nuestro país en el pasado verano, narra el primer tramo de la épica del médico argentino devenido en combatiente.

Esta película se inicia cuando Guevara conoció a Fidel Castro y narra pormenorizadamente las diversas vicisitudes de los revolucionarios cubanos, hasta el glorioso triunfo del alzamiento popular, la caída del dictador Fulgencio Batista y la entusiasta entrada a La Habana.

En la primera parte, Soderberg imprime a su obra un sesgo bastante más documental, que privilegia el perfil ideológico del revolucionario y su denuncia de las agresiones del imperialismo en diversos foros internacionales.

Mientras «Che: el argentino» narra el auge del paradigmático combatiente, «Che: guerrilla» recrea la fracasada campaña militar en Bolivia, que culminó con su asesinato por parte de fuerzas regulares del ejército, que contaron con el permanente apoyo logístico de la CIA.

No en vano el relato se inaugura con la lectura, por parte de Fidel Castro, de la emotiva carta de despedida del «Che», quien abandonó su pedestal de héroe y su cargo ministerial en Cuba, para iniciar la última etapa de su epopeya revolucionaria.

El guión del filme es una adaptación del diario personal del propio Guevara, lo que le otorga la intrínseca carnalidad de la experiencia vivida y padecida.

Ese indispensable documento ­escrito de puño y letra por el heroico comandante durante once meses­ condensa la dramática peripecia del pequeño contingente guerrillero que encabezó.

Aunque en esta segunda entrega hay menos combates y el tema político no tiene tanta relevancia, sí está muy bien construida la radiografía de un país postrado por la pobreza, la humillación y la resignación.

No obstante, Steven Soderberg no soslaya las controversias entre Guevara y el Partido Comunista Boliviano, que no acompañó orgánicamente la lucha armada, pese a que algunos de sus afiliados se plegaron a los combatientes.

La historia, que está desarrollada con un ritmo pausando aunque no exento del indispensable nervio narrativo, penetra profundamente en el corazón de la experiencia existencial de esos guerrilleros, sus conflictos y dificultades.

En este caso, el personaje está menos idealizado, aunque exhibe un perfil bastante más duro y convincente, pese a las permanentes crisis de asma que le abruman.

Esa firme postura se expresa particularmente en las estrategias a las cuales el guerrillero apela para disciplinar a sus tropas y cuando negocia la compra de víveres con los campesinos, casi siempre en situación desventajosa.

Las largas arengas para infundir valor a los combatientes y la ética revolucionaria que desprecia la falta de coraje y denuncia la injusticia social del sistema capitalista, constituyen buena parte del soporte conceptual de la obra.

El filme, que está concebido con una plausible honestidad, desnuda -sin eufemismos- la malograda experiencia de este grupo de revolucionarios que soñó con la utopía de transformar radicalmente a la sociedad, en medio de la indiferencia de una comunidad postrada y degradada por un régimen semi-feudal.

Obviamente, Soderberg denuncia la flagrante injerencia y complicidad del imperialismo norteamericano con el gobierno autoritario de René Barrientos y los preparativos para combatir y aniquilar a la guerrilla internacionalista.

En esta película, el reconocido realizador confirma su habitual solvencia en el manejo de los tiempos narrativos y la imagen, con abundantes secuencias rodadas con cámara al hombro, particularmente en las escenas de acción.

La soberbia interpretación protagónica de Benicio del Toro ­ sin dudas la mejor de su carrera cinematográfica- constituye un cabal testimonio de su indudable maduración actoral.

«Che: guerrilla» es un auténtico documento fílmico, que condensa -con indudable grandeza y fina sensibilidad- le dramática epopeya de un combatiente que ofrendó su vida por la causa de la liberación y la justicia social.

Che: guerrilla: Estados Unidos 2008. Dirección. Steven Soderberg. Guión: Peter Buchman y Steven Soderberg. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Steven Soderberg. Reparto: Benicio del Toro, Franka Potente, Lou Diamond Phillips, Benjamín Bratt, Edgar Ramírez, Catalina Sandino Moreno y Joaquim de Almeida.

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