Los cuerpos de mi tango, de Laurta, en el EspacioTeatro
Aquello queda allí y no volverá el tema; hasta aquí vemos lo obvio, que el amor, el desamor y el tango riman entre sí.
Pero el libreto se complica cuando las palabras del fondo aluden a la liturgia de la Iglesia Católica y a la Historia Sagrada, temas que, en nuestra ingenua percepción, no se articulan con el tango, siempre un poco hereje, casi siempre «sin confesión y sin Dios». Pues sí: oímos que cinco o seis actrices, de frente al público, dicen, por orden y con énfasis, «¡El cuerpo de Cristo!»; más tarde «Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros» y un poco después «Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz». Ciertamente, hay correspondencia entre la Misa Católica y la tragedia griega, con el monaguillo como último vestigio del coro clásico; pero nada de estas simetrías aparece en la obra de la señora Laurta. Viene más tarde en «Los cuerpos de mi tango» un misterioso monólogo que parecería justificar el homicidio por la vía oblicua de un ataque a la relevancia, para la autora juzga excesiva, que se asigna al sexto mandamiento; aparece aún la corona de espinas de Cristo en la cabeza de una de las actrices que lleva un atuendo semi monjil. Ciertamente, no es fácil entender la «Sonata de espectros» de Strindberg o, sin ir más allá de la cartelera montevideana de hoy, la admirable «Sueños de una noche árabe», de Schmmelpfennig; pero es derechamente imposible ensamblar, con la mera yuxtaposición, esas voces que parecen venir de un lúgubre convento del siglo XIX con unos tangos del siglo XX.
Las actrices, las bailarinas y el bailarín se mueven sin cesar. Dibujan en la escena algunas figuras de ese tango coreográfico que parece implicar, como precondición, rodillas dislocadas o ligamentos rotos; y casi no hay escena ni canción que no venga acompañada de una contraescena muda, con personas que se mueven, a través de velos transparentes, en gestos que tienen más de gimnasia que de baile.
Estrella Laurta presentó «Una temporada en el infierno» sobre Rimbaud, en el año 2006 y «El cubo» sobre enfermos psiquiátricos, en el año 2007. En ambos casos se registraba la misma falla que hay en «Los cuerpos de mi tango»: suponer que con una serie de inconvicentes rarezas se hace una obra de teatro. Muchos son los llamados y pocos los elegidos.
LOS CUERPOS DE MI TANGO, de Estrella Laurta, por Compañía de teatro Le pifie, con Leonor López, Lorena Millán, Cecilia Pérez, Susana Pipolo, Natalia Barraco, Rossana Martínez, Verónica O’Brien y Carlos Cabral. Cuerpo de baile: Estefanía Sedano, Daniela Bravo y Alvaro Sánchez. Cantante: Gabriel Scarone, teclados de Roberto Abitante, vestuario de Valeria Fernández, luces y sonido de Francisco Freyre, dirección de Estrella Laurta. Estreno de del 22 de julio en EspacioTeatro.
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