LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Los agravios no se infringen

Ha escrito el senador herrerista Gustavo Penadés en la página de opinión de El País, lunes 27, una nota en la que ataca con virulencia la propuesta de trasladar los restos de Artigas del solemne mausoleo y de que el Cuerpo de Blandengues cese de custodiarlos, en uno de cuyos pasajes puede leerse el siguiente párrafo: «Desconocemos las íntimas intenciones de quienes así lo propugnan. Lo que sí, claramente, se puede advertir es que se infringe un irracional e inmotivado agravio a nuestras Fuerzas Armadas».

Que yo sepa, un agravio no es cosa que se pueda infringir, ya que según mis humildes conocimientos de semántica, el verbo transitivo ‘infringir’ es incumplir órdenes, violentar reglas, quebrantar leyes, hacer caso omiso de reglamentos; y por otro lado, el sustantivo ‘agravio’ significa, según el diccionario, ofensa o humillación.

Siendo así las cosas, ¿cómo diantre puede procederse para quebrantar algo que a todas luces no es una norma? Devaneme los sesos tratando de vislumbrar el sentido oculto de tal enunciado mas no hallé respuesta, hasta que, ya al borde del agotamiento, di con la tecla. ¿Qué ocurrió? Pues, sencillamente, que don Gustavo confundió dos parónimos: infringir e infligir. ¡Por fin se develó el misterio! Pero para que el senador Penadés no se sienta como un ignorante (que no lo es), me apresuro a decirle que es una confusión harto frecuente, en razón de que son mínimas las diferencias gráficas y fónicas entre estos dos verbos.

‘Infligir’ –que es el verbo que se debería haber usado– viene del latín (inflingere, «herir, golpear») y significa, de acuerdo con lo que al respecto nos ilustra el DRAE, imponer castigos o causar daños; los daños infligidos pueden ser materiales o morales, y es en este último sentido que se aplica a la idea expresada por Penadés, quien debiera haber escrito: «Se puede advertir que se inflige un irracional e inmotivado agravio a nuestras Fuerzas Armadas».

Para de ahora en adelante no caer más en la confusión, me permito sugerir que se recuerden dos sustantivos vinculados con infringir: infractor (el que infringe una norma) e infracción (violación de una norma). ¿Quedó claro?

–Ta clarito, Mendieta; ahora va y le dice a Gustavito que no infrinja más las leyes de la semántica so pena de que se le inflija un castigo ejemplarizante.

–¡Qué lo parió!

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