Descubren una nueva manera de reparar el daño cardíaco
En esos tres casos infartos, insuficiencia cardíaca o deformaciones hereditarias, los tejidos musculares que forman el corazón no pueden regenerarse por sí solos.
Pero según los resultados de este estudio, publicado en la revista estadounidense Cell, las células se pueden estimular para que se copien a sí mismas. El ingrediente clave es una proteína llamada neuregulina 1 (NRG1), que juega un papel en el desarrollo inicial del corazón y el sistema nervioso.
La proteína puede originar el crecimiento de células cardíacas y una restauración de las funciones del corazón.
Los resultados fueron obtenidos mediante inyecciones sistemáticas de la neuregulina 1 en ratones de laboratorio a los cuales los científicos habían provocado ataques al corazón.
Al inyectar la proteína en los ratones vivos todos los días durante 12 semanas, la regeneración cardíaca aumentó y el funcionamiento del corazón mejoró en comparación con los animales de control no tratados.
Después del nacimiento, los cardiomiocitos (células musculares del corazón) suelen dejar de seguir el ciclo celular, lo que significa que dejan de dividirse y proliferar. Sin embargo, estudios recientes demostraron que algunas células podían reproducirse en los adultos.
Este nuevo estudio confirma esto y, además, muestra que la NRG1 puede acelerar significativamente ese proceso.
La idea del equipo de investigadores es que los pacientes reciban infusiones diarias de NRG1 durante un período determinado. De todas maneras, el doctor Bernhard Kühn uno de los autores del estudio dijo que aún faltan más ensayos para que se pueda probar en humanos de manera segura.
«Si se puede probar que este mecanismo funcionaría en humanos, habrá posibilidades reales nuevas y más eficientes de tratar a los pacientes con cardiopatías».
A su vez, el profesor Jeremy Pearson (British Heart Foundation) afirma que con este trabajo pueden ofrecer una alternativa a la terapia con células madre, que está muy poco probada aún y supone el riesgo de daños colaterales.
Según explicó Kühn a la revista Cell, «aunque se han llevado a cabo muchos esfuerzos centrados en estrategias basadas en las células madre, nuestro trabajo sugiere que las células madre no son necesarias y que la estimulación diferenciada de los cardiomiocitos para que proliferen podría ser una alternativa viable». El próximo paso será probar esta terapia en cerdos, que tienen más en común con los humanos que los ratones.
El profesor Jeremy Pearson dijo que «este fascinante estudio prueba, extraordinariamente, que una parte importante de las células del corazón de ratones adultos puede copiarse a sí misma y ayudar a reparar corazones dañados».
La inteligencia y el riesgo
El conocimiento quizás ayuda a que una persona no se involucre en conductas de riesgo. La evidencia científica ha mostrado que entre más privilegiado el nivel socioeconómico, menor el riesgo de contraer varias enfermedades, incluidas las cardiovasculares (derrames cerebrales, infartos y otros trastornos del corazón).
Ahora, una nueva investigación encontró otro factor a tener en cuenta: el coeficiente intelectual de la persona.
Según el estudio publicado en European Heart Journal (Revista Europea del Corazón), la inteligencia de un individuo desempeña un papel en sus posibilidades de morir a causa de estos males.
Los científicos de las universidades de Glasgow y Edimburgo, en Escocia, compararon los historiales clínicos, el nivel socioeconómico, educativo y profesional de 4.289 soldados retirados (grupo seleccionado porque ya se disponía de la información).
Descubrieron que, independientemente de los factores de riesgo conocidos como tabaquismo, dieta pobre y falta de actividad física y del nivel socio-económico de los participantes, aquellos con un coeficiente intelectual más alto mostraron 20% menos riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares.
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