EL ENTRAÑABLE TERRITORIO DE LA MEMORIA
En una sociedad como la nuestra, que se empeña en huir hacia adelante, la memoria, ese componente básico de la identidad, tanto de los pueblos como de los individuos, se encuentra dramáticamente devaluada.
La globalización nos impone, cada vez más, un sistema en el cual se propugna la idea del presente perpetuo y la idealización desmedida del futuro, como una forma de escapar del pasado y de intentar mentirnos una juventud eterna.
En este permanente olvido al cual tan habituados estamos, hemos dejado por el camino a muchos personajes relevantes de nuestra cultura, figuras que no alcanzaron tanto renombre como otras pero que, dado su talento y lo fecundo de su obra, merecen ser rescatadas de un injusto olvido.
Este es el caso, por ejemplo, de José Pedro Díaz, destacado narrador y ensayista uruguayo, esposo de la gran poetisa compatriota Amanda Berenguer.
«Los fuegos de San Telmo», originalmente publicado en el año 1964, fue reeditado gracias al esfuerzo del Ministerio de Educación y Cultura, que, desde hace un tiempo, se ha propuesto rescatar algunas de las obras más relevantes de la literatura uruguaya, a través del relanzamiento de la emblemática colección «Biblioteca Artigas».
No por poco recordada la obra de Díaz es menos relevante. Ensayista, crítico, narrador, profesor y catedrático, el autor uruguayo desarrolló una importante producción literaria, que sobresale particularmente por su contenido.
A su genio y sapiencia debemos profundos ensayos sobre figuras referentes como Julio Herrera y Reissing, Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández y tantos otros emblemáticos exponentes de la literatura nacional e internacional.
«Los fuegos de San Telmo» es una obra a medio camino entre la autobiografía, la crónica y la novela. El eje principal es la memoria, el rescate de otros tiempos, la intención de resucitar- mediante la palabra- un abigarrado cúmulo de sensaciones, olores, sabores, sonidos y sentimientos, que se recrean y eternizan en el formato impreso.
El autor centra su creación en la figura de un añorado tío italiano, que es quien pretexta el sensible y entrañable ejercicio evocativo de claro sesgo introspectivo.
La crónica, el diario íntimo, la elegía y la estampa son todos géneros que el literato dominó ampliamente. En ese contexto, se vale de todos ellos para escribir su libro, trayendo al presente -un presente incesante por cuanto ha sido eternizado en el papel- sus más entrañables experiencias infantiles y juveniles.
Es especialmente destacable la capacidad para conmover sin caer en sensibleros facilismos, además de la unidad que otorga a todos los recuerdos, los de su infancia y los de su adultez, ya que las memorias se mezclan constantemente.
El escritor establece un brillante y subyacente paralelismo entre las vivencias de él y de su tío y sus vivencias de adulto, en las que se encuentra recorriendo los mismos caminos, pero con su hijo.
Ese permanente ejercicio temporal, además del atinado manejo del adjetivo y la metáfora, transforman a «Fuegos de San Telmo» en un relato de alto valor literario, tanto por su construcción como por su naturaleza testimonial.
(Edición del MEC)
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