Sueño de una noche árabe, en la escena del teatro Circular
La diferencia es que en esta pieza las entrecruzadas y entreveradas anécdotas suceden en una noche de verano, en un edificio moderno de apartamentos. El encargado, Juan López (Gustavo Bianchi) advierte que el agua no llega más allá del séptimo piso, donde vive una mujer occidental (Francisca Díaz, por Leticia Cacciatori) que duerme, no recuerda lo que ha vivido durante el día y sueña «sueños árabes».
Estamos en el cuento del «Durmiente despierto», que supo inspirar «La vida es sueño», de Calderón de la Barca; anotamos que el título original de la pieza en alemán («Die arabische Nacht») sugiere el título que suele llevar la milenaria recopilación en alemán y en inglés («The Arabian Nights»). Fátima Mansur (Marisa Bentancur), que es árabe, comparte el apartamento de Francisca; Fátima busca en vano a su amante Kalil (Oliver Luzardo), también árabe, que copula feliz con las vecinas que puede.
A Pedro Carpati (Martín Castro, de extraordinarias cualidades acrobáticas) le tocan las aventuras más extrañas, en las que al final muere o sueña que muere, un momento en el que el autor logra unir firmemente la realidad y la ensoñación.
Con «Sueños de una noche árabe», Schimmelpfennig ha hecho del libro de «Las mil y una noches» un precursor del teatro del absurdo; inversamente, ha logrado mostrar cuánto hay de riqueza imaginativa y de hasta delirio en el mundo de hoy, que suele describirse como vulgar, cuando no sórdido, cuando el ojo que lo ve pertenece a un verdadero artista.
La puesta en escena de Sergio Pereira, precisa y cuidada en los detalles, comienza con el lanzamiento de una nube de humo que dice, quizás demasiado explícitamente, que entramos en el mundo de los sueños; más adelante, la poética escenografía de Bugarín, sutilmente entre los dos mundos, con sus puntos altos en las puertas imposibles y en la escena de la botella y el balcón, continúa sugiriendo ensoñaciones; no obstante, la obra, a poco de comenzar, se aproxima más a las invenciones de Ionesco que al clima excitante de la antigua Bagdad de los cuentos.
Es una elección legítima; pero el desarrollo de la acción, que en el curso de la obra tiende al realismo, se hace difícil de comprender. Al final, o bien, como en el caso de este crítico, luego de una segunda visión de la obra, se hace la síntesis en el espectador; pero de entrada sentimos perder pie y creemos que presenciamos una obra a la que se sustrajeron pérfidamente explicaciones y transiciones.
La interpretación estuvo a la altura de calidad requerida por esta compleja pieza.
SUEÑO DE UNA NOCHE ARABE, de Roland Schimmelpfennig, con Gustavo Bianchi, Marisa Bentancur, Leticia Cacciatori, Oliver Luzardo y Martín Castro. Escenografía de Gerardo Bugarín, vestuario de Verónica Lagomarsino, luces de Alvaro Bonaglia, música de Carlos García, dirección general de Sergio Pereira. En teatro Circular de Montevideo, sala Uno.
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