En escena. Esplendores y miserias de una dama enamorada

La señora Macbeth, de Griselda Gambaro, en el teatro El Galpón

Debe ser una de nuestras tantas carencias o puntos ciegos, pero nunca pudimos valorar para bien ninguna de las obras de Griselda Gambaro que hemos visto.

La encontramos a menudo desconcertante, siempre repetitiva y aburrida y esto aparece en «La señora Macbeth» con pocas ideas, sin personajes inolvidables, sin un diálogo con brillo o chispa, sin escenas para el recuerdo. El estilo nos resultó siempre entre críptico y obvio. Por ejemplo, estas declaraciones suyas: «El teatro tiene una doble vertiente: debe ser válido como literatura dramática y, a la vez, como hipótesis teatral… El escenario impone reglas bastante rigurosas… conocer los tiempos, porque una representación teatral tiene un tiempo determinado y un espacio preciso. El texto va a tener cuerpos y voces, un lenguaje fónico y mímico. Una de las condiciones básicas para escribir dramaturgia es saber visualizar la corporeidad de ese fenómeno que produce la escritura dramática. El autor es todos los personajes a los que mira moverse en el escenario y tiene todos los tonos de las voces de esos personajes… Desde luego, esto establece una diferencia en la escritura» (Entrevista a Griselda Gambaro, Cuadernos Hispanoamericanos, 588/1999). ¿Algún lector encuentra algo más que solemnes lugares comunes?

No bien comenzó «La señora Macbeth», comenzamos a preguntarnos, perplejos, a dónde iba la autora. No nos dábamos cuenta si reivindicaba a Lady Macbeth, si la presentaba como una mujer enamorada que le cree todo al marido, si era una mezcla de bien y de mal. Nos resultó difícil de entender su relación con las brujas. Pero al llegar al fin, nos encontramos aplaudiendo con entusiasmo. Los módicos méritos de Gambaro aparecieron realzados, potenciados y como de maravillas por la labor de dos artistas: el director Juan Tocci y la actriz Alejandra Cortazzo. Pocas veces hemos visto en nuestro medio una puesta en escena más inteligente y tocante, aplicada y dinámica, imaginativa y sobria, trabajada y pulida pero nunca rígida, que esta de Tocci. Por su parte la actriz protagónica, Alejandra Cortazzo, se nos mostró en lo mejor de su ya brillante carrera. Acertada y muy expresiva en la mímica y en los movimientos del cuerpo, graciosa y seria, convincente sin énfasis, sobresaliente en la voz, que llegó con precisión a registros poco usuales en nuestras tablas. Todo esto es dicho sin desmedro de las impagables brujas (Cristina Velázquez, Laura Barboza y Virginia Rodríguez) y de la hermosa música incidental de Alfredo Leirós.

«La señora Macbeth» es una reconfortante demostración del mejor arte teatral.

 

LA SEÑORA MACBETH, de Griselda Gambaro, con Alejandra Cortazzo, Cristina Velázquez, Laura Barboza y Virginia Rodríguez. Escenografía de Claudia Schiaffino, vestuario de Cecilia Prigue, luces de Martín Blanchet, música de Alfredo Leirós, dirección de Juan Tocci. Estreno del 17 de julio, teatro El Galpón, sala Atahualpa.

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