EL DIA DE LA LIBERACION
El día que me liberaron yo no sabía que estaba por salir, pero el Gato, tocándose la nariz, profetizó: «Libertad para ti». Me habían sacado para la enfermería pero yo no tenía nada.
El momento de la libertad fue un momento extraordinariamente fuerte, me temblaban las manos. Hasta el último minuto me dijeron que me trasladaban a otra cárcel. Eso formaba parte del sistema de desgaste, pero yo le creí al instinto del Gato. Fui celda por celda, diciéndoles «capaz que me voy», y repartiendo mis pertenencias. No me permitieron que le dejara el teclado mudo al Indio, un compositor al que le daba clases de piano sin piano.
Salí a la hora del recreo, escoltado por un milico que me iba pegando.
Al que le dije: «Hijo de puta, ¿no te das cuenta de la belleza de este momento?». Los compañeros habían salido todos a las ventanas que daban al patio y me gritaban: «Chango, no te olvides de nosotros. Viví, viví a pleno.
Te amamos, Chango». Yo me puse a llorar. Con el piano al hombro y ese tipo que me seguía pegando.
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