EL SILENCIO DE LORNA: EL DRAMA DE LOS EMIGRANTES
El tema adquiere una singular relevancia en la hipótesis de dictaduras, guerras y hasta habituales debacles económicas de siempre impredecibles consecuencias.
La globalización de la violencia es, sin dudas, uno de los fenómenos más intrínsecamente asociados al exilio y a la migración compulsiva rumbo a destinos no siempre deseados.
La irrupción de viscerales confrontaciones políticas nacidas de fanatismos ultranacionalistas y odios étnicos en Europa Oriental durante la década del noventa del siglo pasado, detonó una auténtica explosión migratoria rumbo a Occidente.
Uno de los países más impactados por esta crítica coyuntura histórica contemporánea fue Albania, muchos de cuyos habitantes abandonaron el suelo natal en busca de un nuevo hogar.
Obviamente, los desplazados se enfrentaron a la xenofobia, el rechazo y a la cultura expulsiva de las naciones receptoras, que interpusieron políticas fuertemente restrictivas al ingreso de extranjeros.
En «El silencio de Lorna», los directores belgas Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne construyen un descarnado cuadro del siempre lacerante tema de la emigración, que pone un particular acento en el alto precio que deben pagar los desarraigados para ser aceptados por esas sociedades altamente desarrolladas.
Desde su debut, ambos realizadores han cultivado un cine frontal y de trazo deliberadamente despiadado, destinado a denunciar cuadros humanos profundamente conmovedores.
Como se recordará, en «El hijo» los cineastas narraban la traumática peripecia de supervivencia de una pareja de jóvenes segregados socialmente y un pequeño niño.
Esa visión desencantada de la «otra Europa» se explicita nuevamente en este filme no menos revulsivo y removedor, que explora las miserias de los ilusorios «paraísos» del capitalismo occidental.
En esta oportunidad, el relato discurre a través de la traumática peripecia de Lorna, una mujer albanesa que vive en Lieja, quien compra literalmente su casamiento con un belga para obtener su nueva nacionalidad.
Esa situación de aguda degradación no se detiene allí, ya que la refugiada aguarda a su vez la muerte de su marido que es un drogadicto para casarse con un ruso y así otorgarle la carta de ciudadanía.
En ese contexto, se desarrolla una auténtica experiencia de prostitución no necesariamente sexual, que comporta todo un comercio y un tráfico humano como en los peores tiempos de la esclavitud.
Los personajes de este filme son todos descastados y perdedores, que buscan en la Europa «próspera» y presuntamente «civilizada» una quimérica alternativa de supervivencia y desarrollo personal.
El filme sugiere un submundo absolutamente vacío de valores, que subyace necesariamente bajo la superficie de una sociedad presuntamente feliz pero no menos cargada de paradojas y agudas contradicciones.
Mediante un firme pulso narrativo que expone descarnadamente esos conflictos, el relato no teme sumergirse en el fango de la sordidez y la marginalidad.
En ese contexto, los realizadores y guionistas denuncian a las mafias que trafican con los indocumentados, que son obviamente sus potenciales víctimas, la violencia y hasta la muerte.
El silencio al que alude el título del filme no es sólo el de la protagonista de esta historia, sino también la postración y la indiferencia ante un drama de despiadada visibilidad.
Los talentosos realizadores asumen una cruda interpelación, en torno a las prácticas aberrantemente inmorales de los mercaderes del dolor que lucran con la desdicha ajena.
Renunciando a todo discurso pontificador, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne construyen un cuadro humano de sobrecogedora contundencia documental.
«El silencio de Lorna» es un filme de trazo sensiblemente testimonial, que, mediante un lenguaje moroso y de extrema frontalidad, indaga en conflictos bien contemporáneos y en las miserias de un sistema cargado de dramáticas paradojas.
El silencio de Lorna. Bélgica 2008. Dirección y guión: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne. Fotografía: Alain Mercoe. Reparto: Arta Dobroshi, Jérémie Renier, Fabrizio Rongione, Alban Ukaj. Morgan Marinne, Olivier Gourmet, Anton Yakovlev y Grigori Manukov.
Compartí tu opinión con toda la comunidad