Neuronas y neurosis

LOS JUEGOS DE LA VIDA EN LA TELEVISION

Una vez, cuentan, llegó un tal Colón por estas tierras. Y los españoles se quedaron para ser conquistadores, dominadores, y luego, para invadirnos con boliches. En los tiempos televisivos han sido proveedores de buen material. Puede recordarse las magníficas «Los gozos y las sombras» o «Anillos de oro» o las aventuras de «Pepe Carvalho» sobre el detective de Manuel Vázquez Montalbán o las entretenidas aventuras de «El Curro Jiménez», con el uruguayo Sancho Gracia, que tuvo tanto éxito que llegó a prolongarse otra temporada grabada en nuestro país y además que contó con el fuerte apoyo de Antonio «Taco» Larreta como uno de sus guionistas principales.

Un canal, Saeta, el 10, es habitual presentador de programas de entretenimientos que sólo divierten a los concursantes, familiares y consumidores de sadismo.

Puede recordarse «Un , dos, tres», «¡Qué apostamos!», «Grand

prix», «El precio justo» u » Operación Triunfo» livianitos… Ahora, presenta «El juego de tu vida».

La idea no es original de los hispanos sino que es adaptación de un programa estadounidense, «The moment of truth». Los memoriosos quizás puedan rastrear otro origen, el clásico juego de Verdad o consecuencia o que también una de las figuras principales de la «nouvelle vague» francesa en 1959, Claude Chabrol, dedicaba una parte de «Los primos» a varias parejas que intercambiaban preguntas peligrosas para armoniosas relaciones. No fue el único de esos cineastas que manejaron ideas similares ya que para esa generación importaba la libertad de expresión y de acción.

Todo se prepara con un test de doscientas preguntas hechas previamente ante el polígrafo y los productores eligen, por supuesto, las que más comprometan a los jugadores.

El programa tiene una impresionante dosis de morbo, ya que el entrevistado, que juega por un total de cien mil euros, está allí dispuesto a todo, a perder marido o mujer, familia, vecinos, suegros, compañeros de oficina, nadie se salvará. Y lo hace frente a sus familiares más cercanos que suelen sorprenderse de las respuestas mientras el público, entusiasmado por tanta sinceridad, por tanto coraje para no mentir porque el polígrafo deschavará si hay o no verdad o mentira, se entusiasma y agrega estruendosos «Ooohhhhh» para darle clima a la conductora Emma García, que en sus años anteriores era una promesa en su país pero que ahora parece ir en caída libre.

En la emisión pasada, por ejemplo, la primer concursante respondió que sí, que coqueteaba con amigos, que se quedaba más tiempo del debido en el gimnasio para no llegar a su casa, que había gustado de otros hombres y que le había sido fiel a su marido, allí presente, que mostró una cara de aliviado y no de cornudo y aplaudió a la linda mujer. Pero, al fin le llegó la mentira y se fue para su casa sin un euro, ni para el boleto. La segunda participante, una regordeta feúcha, aceptó que quería más a su suegra que a su madre, una madre a la que nunca había perdonado por los maltratos infantiles que, además, había deseado la muerte de su hermano, y que había pensado en divorciarse. Marido, hermano, madre, suegra, presentes. El público aplaudía a rabiar por tanto valor. Fue, sin embargo, inteligente, no siguió hasta los niveles críticos y se retiró con cuarenta mil euros, que es un platal. No pudimos saber si al abandonar el canal sus familiares no la golpearon y la dejaron abandonada en medio de una calle solitaria, triste, sin final.

¿Qué lleva a esta gente a correr el riesgo de destruirse en su persona, en el respeto que le deban los demás o en estropear a su familia y si la cotización de todos es tan baja que unos miles de euros valen la pena?. Y lo último, ¿A qué uruguayo le pueden importar esos desbandes de sinceridad por míseros dineros?

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