En escena. Obra de Marco Tortarolo y Andrés e Irene Valledor

Informe sobre Clara, en teatro del Museo Juan Manuel Blanes

Una mujer libre con diez hijos, de los cuales sólo tres nacieron de un matrimonio juvenil y sin amor, la locura, una declaración de incapacidad.

Historia sorprendente, pero no la única, que abundan en los archivos judiciales; y Dino Armas había intentado narrar la vida de una mujer no menos sorprendente, en «Se ruega no enviar coronas», a propósito de Irma Avegno. Pero la anécdota, por rara que sea, por más que deje entrever un alma impar, no vale por sí misma como literatura. La historia de Lucrecia Frangimani contada por Stendhal en su diario, es apasionante; teatralizada sin mayor elaboración por Angel Rama («Lucrecia», primero «Lucrecia Frangimani»), con sus amantes que escalan paredes de convento y rasgos de nobiliaria altivez, fue insoportable y pretenciosa, sin alcanzar siquiera al melodrama.

Ahora vemos en «Informe sobre Clara», a aquella misma incapaz, Clara García de Zúñiga. La exhuma el grupo de teatro «La Rueda» que ya había actuado en el Museo Blanes con «Cuentos pintados» (2006) sobre Pedro Figari, sobre Juan Manuel Blanes, ya entonces sobre Clara García de Zúñiga y aún sobre su hijo Roberto de las Carreras. En parte, le sucede lo mismo a «La Rueda» que a casi todos los elencos locales que intentan la evocación o la narración del pasado: no hay una investigación por carriles distintos de los oficiales y canónicos, no hay un rojo signo de interrogación colocado sobre las carátulas amarillentas de los expedientes. Los personajes no se han movido de sus féretros.

Pero «La Rueda» aporta a su favor una diferencia cualitativa que la diferencia de todos los intentos anteriores en el género. No pasea al espectador por cuartos vacíos, iluminados con colores y sombras inquietantes. «La Rueda» ha comprendido que el teatro no es arte plástico, ni efectos lumínicos y sonoros que sorprenden, ni trajes de época, ni bellas mujeres. La historia de Clara está dicha sucintamente; y esta economía de medios del texto se proyecta sobre toda la puesta en escena. Los espectadores verán la obra sentados en una escalera que da a una puerta, que será el telón; más allá de la puerta verán poco o nada. Los dos actores, Marco Tortarolo e Irene Valledor, sobriamente vestidos, sin más ayuda que un cajón o medio arcón que sirve para las imágenes y acciones más disímiles, lo hacen todo.

El acierto mayor de «La Rueda» es la creación, con mínimos elementos, de un clima onírico que se sostiene, secuencia a secuencia, sugiriendo el oblicuo mundo de la paranoia, ese mundo inestable e inquietante pero firme y coherente. La extraña ubicación de actores y público, el andar de Irene Valledor con el cajón a cuestas, sus distintas posiciones, entradas y salidas, los efectos de luz sobre el sencillo mueble y la cara de los actores, tienen un sello constante de sueño despierto, de delirio que se organiza, de fantasía a la vez onírica y tangible.

Casi de inmediato acudieron a nuestra memoria las brillantes escenificaciones de Javier Margoulis en «El experimento Damanthal» o en la dirección de la pieza de Daniel Veronese «Conversación nocturna: del maravilloso mundo de los animales»; pero ese recuerdo permite afirmar que «La Rueda» resiste airosamente la comparación. Hay en «Informe sobre Clara» fantasías originales que conforman todo un estilo, hay un ritmo en el desarrollo de la acción, que parece florecer y no inventarse, que es el signo del verdadero arte. La actuación fue, concordante con la calidad de la pieza, de primer orden.

INFORME SOBRE CLARA, de Marco Tortarolo, Andrés Valledor e Irene Valledor, interpretación y dirección de los autores. Música de Beethoven («Claro de luna») e Ignacio Irigaray. En el Museo Juan Manuel Blanes.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje