El histórico concierto de Benny Goodman en el Carnegie Hall
Se trata de un par de CD del sello Columbia, de dos horas de duración, que amplía la tirada original de 1950, en vinilos «long play», con la inclusión de nuevas interpretaciones y los comentarios en la voz del propio Goodman.
La llamada «Era del Swing» se había consolidado aproximadamente en 1935. Los pequeños conjuntos de improvisación espontánea dejaron lugar a las «big bands», orquestas de más de diez músicos que ejecutaban prolijas partituras escritas por arregladores hábiles en amalgamar el «feeling» del jazz con el ritmo bailable exigido por la sociedad.
La banda de Goodman compitió en esa tarea con las de Artie Shaw, Tommy Dorsey, Glenn Miller y las magníficas orquestas negras de Duke Ellington, Jimmie Lunceford, Chick Webb y Count Basie. El favor del público lo consiguió gracias a la sabia elección de temas populares, a la sofisticación sonora y refinada tonalidad de las distintas secciones orquestales, a los solistas que se ajustaban con bastante fidelidad a las melodías y al impulso que generaba un ritmo flexible, ágil y contagioso.
Goodman ostentaba menos de 30 años cuando las puertas del venerable Carnegie Hall de New York se abrieron en la noche del 16 de enero de 1938. El «Rey del Swing» ya tenía cimentado su éxito a lo largo y ancho de los Estados Unidos y su clarinete era un modelo de virtuosismo, sonido resplandeciente y técnica impecable. No sólo dirigía una de las más encumbradas grandes orquestas, con la que había atraído a la juventud de la época, sino que actuaba con un trío y un cuarteto que incluía músicos negros (Teddy Wilson, Lionel Hampton), con lo cual enfrentaba con firmeza las barreras raciales de aquel país.
Con él subieron al escenario talentosos instrumentistas, como el trompetista Harry James, el trombonista Vernon Brown, los saxos tenores Babe Russin y Arthur Rollini, el pianista Jess Stacy y el baterista Gene Krupa. Doce títulos interpreta la big band, entre ellos «Blue skies», «Don’t be that way», «One o’clock jump», «Blue room» y el notable «Sing, sing, sing». Martha Tilton canta en un par de temas y se incluyen además «If dreams come true» y «Sometimes I’m happy», que no figuraban en ediciones anteriores.
El trío y el cuarteto entusiasman con sus versiones de «I got rhythm», «China boy», «Avalon», «Body and soul», «The man I love», «Stompin’ at the Savoy», y «Dizzy spells». Cinco temas componen un capítulo dedicado a homenajear al dixieland y a señeras personalidades como Bix Beiderbecke, Louis Armstrong, Ted Lewis y Duke Ellington.
Casi diecisiete minutos dura una de las interpretaciones más «hot» del concierto. Se trata de la jam-session realizada con «Honeysuckle rose», el clásico tema de Fats Waller. Las luminarias que en ella intervienen son Goodman, James, Brown, Krupa, Count Basie (piano), Buck Clayton (trompeta), Johnny Hodges (saxo alto), Lester Young (saxo tenor), Harry Carney (saxo barítono), Freddie Green (guitarra) y Walter Page (contrabajo). La versión incluye los solos de Carney y de Green, eliminados en ediciones anteriores, y tres coros a cargo de Clayton en lugar de los dos conocidos hasta ahora.
Este espléndido álbum se completa con un documentado librillo de cuarenta páginas que contiene más de una docena de fotos de la orquesta en plena actuación, la reproducción de las láminas del programa de mano, los escritos originales de Irving Kolodin con la génesis del espectáculo y el comentario de cada una de las interpretaciones. Incluye además dos notas firmadas por el guitarrista Turk Van Lake (quien hace además una penetrante crítica del mencionado «Honeysuckle rose») y el crítico Phil Schaap, referidas a la música y al inolvidable ambiente que se vivió en ese majestuoso teatro rebosante de público en aquella fría noche de enero.
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