Arte

Esplendor de la fotografía

En el lugar que antes ocuparon Andrés Serrano, Sebastiao Salgado y Vanesa Beecroft se hospeda Espacios urbanos, el tema que agrupa a Andreas Gursky (Leipzig, 1955), Candida Höfer (Eberswalde, 1944), Axel Hütte (Essen, 1951), Thomas Ruff (Zell am Harmersbach, 1959) y Thomas Struth (Gelden, 1954).

La ciudad siempre ha sido objeto de representación en las artes visuales y la fotografía lo empleó desde su aparición. Los alumnos de la pareja Bernd y Hilla Becher, maestros revolucionarios de la Escuela de Düsseldorf, Alemania (alcanzaron notoriedad al finalizar la década del sesenta), manteniendo los fundamentos de la metodología de la maestral docencia, ampliaron a escala monumental sus trabajos y profundizaron, diversificando, el lenguaje fotográfico.

Entre los numerosos talentos que se disputan el estrellato internacional, los cinco alemanes que exhiben en la porteña Fundación Proa ocupan el primer círculo del Olimpo de celebridades. No es para menos. Es una lección y un inmenso disfrute que deberían aprovechar los profesionales uruguayos, tan distantes de estas propuestas.

Espacios urbanos hurga en la ciudad o las ciudades, sin representarla ni documentarla. Construyen el espacio urbano. La porfiada objetividad que los caracteriza, la ausencia de.personas o la no identificación en las gigantescas panorámicas multitudinarias, es el sello que los distingue en el análisis conceptual de la imagen.

Una objetividad que instila dosis de una secreta subjetividad, de poética tiernamente melancólica, absolutamente intransferible, que estalla antes de que se imponga la inevitable, amenazante realidad. Con agudeza, el curador Ludovico Pratesi (romano de 1961, crítico de arte de La Repubblica, presidente de AICA italiana) consiguió una concentración de analíticas miradas plurales sobre la evolución urbanística de las últimas cuatro décadas.

El historiador Armin Zweite escribe: «Los trabajos de estos artistas ya no autentican la realidad, sino que la ficcionalizan. El espectador ya no está obligado a creer que lo que ve en esas obras existe verdaderamente. La realidad de la imagen disfruta de una amplia autonomía y debe ser considerada como una realidad estética, es decir, emancipada del modo de representación. La exigencia de veracidad, ligada en sus orígenes al medio fotográfico- a saber, el imperativo de ser un documento de la realidad-, va borrándose más y más.

Por un lado se le sugiere al espectador que la imagen reproduce algo real. Por otro, se favorece la duda latente en cuanto a la autenticidad de lo que se representa». En ese delicado equilibrio entre realidad y ficción, entre lo cercano y lo distante, entre el detalle y lo genérico, entre el develamiento y la invención (algunas obras alcanzan cinco metros de largo por dos de alto) es que se moviliza este quinteto de la vieja cámara oscura.

La sagacidad del montaje consiste en la presentación, en la primera sala, de las obras iniciales de todos los artistas, correspondientes a los años 80, obras de pequeño formato, recreando aspectos de diversas ciudades (Tokio, Venecia, Nápoles, Tenerife, Londres, Dresde, Zurich) para seguir en los noventa con las grandes dimensiones y la adquisición de un estilo fuertemente individual.

Gursky emplea un formato monumental paisajes y multitudes diminutas enfocadas desde lo alto, desde grúas o helicópteros, con retoques digitales, potenciando la imagen hasta abrazar al receptor con su inevitable presencia, evocadoras de algún cuadro de Albert Altdorfer o Caspar David Friedrich, iniciadores del paisajismo renacentista y el romanticismo, pero en clave contemporánea en el desasosiego de la globalización y las megalópolis, en compleja relación de espacios, figuras y cosas.

Höfer escudriña amplios espacios interiores deshabitados (bibliotecas, museos, la casa Rosada, el Congreso y el Teatro San Martín de Buenos Aires) penetrando con implacable rigor en los detalles, en fragmentos donde late «la presencia de la ausencia».

Hütte también prefiere espacios deshabitados (puentes, fábricas, subterráneos), el lado oscuro de la ciudad en espacios geométricos cargados de tensiones ominosas.

Ruff indaga con extremo racionalismo el interior y el exterior de edificios históricos con un aura perturbadora.

Struth recorre calles y plazas desiertas en una lectura antropológica articulada entre las variables y constantes relaciones entre la ciudad y sus habitantes en la zona céntrica de ciudades tan distantes como Las Vegas, Mongolia, Hong Kong o Perú. Ni la pandemia gripal debe ser impedimento para visitar estos imprescindibles Espacios urbanos.

Hasta el 30 de agosto, martes a domingo de 11.00 a 19.00; entrada, 10 pesos argentinos.

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