LA BATALLA IDEOLOGICA

La democracia en tanto sistema político y formulación filosófica, promueve siempre un permanente debate ideológico que muta en función de los diversos momentos históricos de la humanidad.

No en vano este sistema de ideas, que abreva de la añosa tradición de la Grecia antigua y de los grandes postulados de la Revolución Francesa entre otras corrientes de pensamiento, sigue siendo materia de acaloradas controversias.

En efecto, abundan las calificaciones que se suelen asociarse a este vocablo, que, desde el punto de vista meramente etimológico, está identificado al concepto de gobierno del pueblo.

Sin embargo, cuando prevalece el discurso hegemónico funcional a intereses corporativos de clase, la palabra suele bastardearse burdamente hasta perder buena parte de su intrínseca naturaleza.

Durante la dictadura que asoló a nuestro país, para realizar algún trámite o acceder a un cargo público, los liberticidas requerían un «certificado de fe democrática».

El documento se expedía únicamente a quienes no tenían «antecedentes políticos o ideológicos» que los tiranos juzgaban «negativos», como estar afiliado a un partido de izquierda, a una organización social o un sindicato.

Mientras los derechistas afines al régimen eran considerados «demócratas», los opositores eran tildados de «renegados», «conspiradores» o «terroristas».

Tamaño desaguisado constituye, sin dudas, una absurda contradicción, que es parte de la polémica que suele suscitar la nunca bien ponderada palabra democracia. En «La democracia en 30 lecciones», el politólogo y docente Giovanni Sartori elabora una suerte de catálogo del «buen demócrata», que está plagado de contradicciones.

La obra está editada por la periodista Lorenza Foschini, quien ensaya un experimento presuntamente esclarecedor acerca del tema, a partir de un espacio televisivo que comparte con el conocido pensador.

En este libro, Sartori construye una visión deliberadamente sesgada acerca del sistema democrático, que ciertamente admite múltiples discrepancias.

En efecto, para el especialista el único modelo posible es la democracia liberal burguesa al estilo europeo, a la cual idealiza como si se tratara de una auténtica panacea.

Si bien su referencia crítica a la antigua democracia ateniense es compartible, su panegírico del modelo neoliberal hegemónico y del capitalismo es absolutamente inaceptable.

Sorprende realmente su visión distorsionada de los conceptos de igualdad, equidad y participación y es altamente cuestionable su valoración del precio que se debe pagar por el pleno ejercicio de las libertades públicas.

Incluso, en las «lecciones» consagradas al liberalismo político y económico, el socialismo, el marxismo y el mercado, se advierte una visión que impacta por su flagrante miopía conceptual.

Aunque pueda parecer inverosímil, Sartori afirma que «el mercado funciona por sí mismo y no está gobernado por nadie», soslayando que éste es un territorio exclusivo de los agentes económicos, los especuladores y la clase dominante.

Evidentemente, el analista soslaya que la génesis de la devastadora crisis que ha asolado al capitalismo global, es una directa consecuencia de la desregulación y la libertad de mercado.

Sartori afirma que el éxito depende únicamente de la idoneidad individual, ignorando que una verdadera democracia debe brindar un mínimo marco de igualdad de oportunidades.

«La democracia en 30 lecciones» es un libro sin dudas controvertido, en el cual el autor pontifica a sus lectores como si se tratara de un infalible gurú de la política, que idealiza a un sistema de ideas con luces y sombras.

(Edición de Taurus)

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