Nueva eclosión de la literatura uruguaya en la vecina Argentina
En una recorrida por las principales librerías de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas, puede verse en las vidrieras abundante material literario de un sinnúmero de escritores uruguayos.
Desde hace ya muchos años, nombres como Mario Benedetti,Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti, así como de la poeta Idea Vilariño son familiares para los lectores argentinos. La novedad es que ahora se suman lo que muchos no dudan en calificar como una avalancha de nuevos nombres y de otros que ahora son redescubiertos. Diversas publicaciones especializadas, entre ellas la revista de cultura Ñ, destacan, entre otras cosas, que Mario Levrero es «un boom en sí mismo» y que también se reivindica en ese país a Armonía Somers y a la gran poeta Marosa Di Giorgio. Esta publicación se refiere a «los viejos y los nuevos», incluyendo en sus páginas una nota de Carlos Gamerro sobre el mundo de Onetti y una entrevista póstuma de María Esther Gilio a la poeta Idea Vilariño.
Así, a modo de ejemplo, Mauro Libertilla cuenta que Mario Levrero murió en Montevideo en agosto de 2004. Tenía 64 años, había pasado casi toda su vida en Montevideo, y dejó una obra extraña y signada por los giros bruscos. Para ponerlo un poco en contexto, dentro del astillado e irreductible mapa de la literatura sudamericana afirma Libertella: «Pensemos lo siguiente: murió un año después que Roberto Bolaño, y a sólo dos semanas de Marosa Di Giorgio. Con Levrero hay quizás una suerte de justicia poética, como si la obra que dejó se fuera moviendo con la serenidad y la convicción que rige toda su literatura. Una literatura por momentos cansina, incluso exasperante, que sin embargo genera una perversa adicción y que, por su vertiginosa cercanía con la experiencia vital, puede llegar a cambiar la vida».
En estos meses el sello De Bolsillo distribuyó las tres primeras novelas de Levrero, agrupadas bajo el título de Trilogía involuntaria, y a partir de ahora se puede empezar a leer su obra como un conjunto cerrado, con la perspectiva necesaria que dan el tiempo, las reediciones y los primeros acercamientos críticos.
La publicación opina que veces resulta difícil reconstruir el mapa de una literatura nacional en su conjunto cuando (a la Argentina) llegan sólo fragmentos, esquirlas editoriales que puestas una al lado de la otra sólo arman una topografía fracturada y con una clara inclinación al azar. Además de los grupos editoriales clásicos (Alfaguara, Sudamericana, Planeta), el mercado editorial uruguayo es profuso en casas independientes que publican mucho de lo mejor que está escribiendo la nueva generación (Trilce y Fin de Siglo, por ejemplo). Una de ellas, HUM, ha desparramado su catálogo en nuestras librerías, y ya se pueden conseguir esos hermosos libros rayados que esconden chispazos de una narrativa bien actual. Algunos de los nombres que llegaron con el desembarco del sello, y que muestran cierto estado de la literatura uruguaya que hoy se escribe, son los de Felipe Polleri, Daniel Mella, Alejandro Ferreiro y Ercole Lissardi (seudónimo)..
Al mismo tiempo, el Cuenco de Plata está emprendiendo una empresa de necesaria reivindicación, publicando los libros de Armonía Somers. El primer título, una rareza difícil de catalogar, La mujer desnuda, ya está en las librerías. Lo cierto es que hoy, con los libros de Levrero que se empiezan a conseguir, las reediciones definitivas de la obra extraña de Marosa di Giorgio, la llegada de los libros de HUM y Armonía Somers y algunos títulos sueltos de otras editoriales, la literatura uruguaya vuelve a hacerse visible en los pliegues temblorosos de las librerías argentinas, y lo único que se puede hacer «es festejar esa vuelta».
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