"La playa": un estreno esperado
La película está dirigida por el excelente británico Danny Boyle, y configura una metáfora sobre la condición humana a partir de un personaje en búsqueda del paraíso.
Desde temprana edad, Leonardo Di Caprio fue un enfant terrible. Su padre fue amigo íntimo nada menos que del escritor Charles Bukowski y desde luego, tal amistad influyó en el modus vivendi de este joven que hoy cobra veinte millones de dólares por cada filme: así reza el contrato que lo involucró en su nuevo largometraje denominado La playa, cuya dirección recayó nada menos que en las manos maestras del británico Danny Boyle, el brillante realizador de Trainspotting.
Lo cierto es que tempranamente en Di Caprio quedó una suerte de certeza: «Lo único que supe en mi vida es que me iba a dedicar con todo mi esfuerzo y mi pasión a la actuación», agregando que la celebridad no le es ya tan agradable y dice: «Siento que estoy experimentando con mi profesión».
El actor ha experimentado, es cierto: logró performances fuera de serie en filmes como Mi vida como hijo y Quién ama a Gilbert Grape, actuó más que correctamente en Reencuentro y en una versión videoclipera de Romeo y Julieta y fracasó en Titanic, aunque paradójicamente fue este último el que le otorgó una formidable popularidad, ya que el director James Cameron aprovechó su flanco de carilindo y no justamente sus notables cualidades actorales.
Danny Boyle con La playa se plantea poner en jaque la idea o la noción de felicidad absoluta: en rigor la felicidad sigue siendo una suma de momentos de alta intensidad y bienestar o en todo caso una utopía. El personaje de Di Caprio, precisamente, a la manera proustiana está a la búsqueda de esa utopía: un cruzado o una suerte de aventurero que pretende ir del sueño a la realidad paradisíaca. ¿Podrá?
O sea que Di Caprio, o sea su personaje, marcha rumbo a Thailandia: un sitio efectivamente con métrica idealizada de paraíso, aunque indudablemente Richard (así se llama el joven que interpreta Di Caprio) se topará con evidentes conos de sombra, indicios oscuros de una realidad que también la construyen sus semejantes.
Dice Leonardo Di Caprio hablando acerca de su noción de paraíso: «Para mí, la existencia de un paraíso es de por sí un falso concepto, y creo que este punto de vista va de acuerdo con la idea principal de La playa. Yo creo que la humanidad no está preparada para vivir en lo que podríamos considerar una situación paradisíaca o concretamente un paraíso».
Y agrega el rubiactor: «Nosotros hemos sido colocados en la Tierra y creo que hemos recibido el planeta como una especie de obsequio, que es particularmente nuestro paraíso o nuestro infierno según el punto de vista. Ni siquiera sabemos qué hacer con él. Por lo tanto, la visión paradisíaca no existe, y la felicidad, ese otro concepto, bueno, solamente podés encontrarla muy dentro tuyo. Lo demás suena muy idílico».
Todo indica que La playa marca el gran regreso de Di Caprio: el del actor sensible, virtuoso, versátil, potencialmente un fuera de serie dirigido por otro fuera de serie como Danny Boyle (Vidas sin reglas) que narra, en definitiva, la falsa concepción de un paraíso versus infierno, aunque la dualidad llegue a aterrar al protagonista de su filme.
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