ULTIMOS AÑOS EN MADRID
Onetti pasó los últimos años de su vida en Madrid en voluntaria «reclusión», dedicado a la escritura. El autoconfinamiento fue severo y espartano, al punto que terminó limitado físicamente apenas al perímetro de su cama, donde creaba y reflexionaba febrilmente, cada vez más sumido en sus mundos y tribulaciones interiores.
Así, voluntariamente escindido de lo que sucedía fuera de las cuatro paredes que le cobijaban de la «contaminación» exterior, el escritor dejó de existir el 30 de mayo de 1994. Junto a su lecho de muerte estaba Dorothea Muhr, su cuarta esposa y el gran amor de su vida, con quien se casó en 1980.
Dueño absoluto de un universo paralelo que construyó para huir del mundo real y procesar sus íntimas angustias existenciales lejos de la vorágine cotidiana de la cual nunca se sintió partícipe, Onetti nos legó un fragmento importante de la mejor literatura nacional.
Toda la producción de este autor está recorrida por trazos agudos y contrastantes, en los que expone la descarnada «prostitución» de la sociedad moderna, la pérdida de la inocencia y la aguda crisis de valores que ya se insinuaba y se acentuó aún más en este tercer milenio. Hoy, Juan Carlos Onetti vive en los herméticos micromundos de sus personajes y en los imaginarios paisajes de sus textos. Onetti fue y es, aún hoy, un contestatario por antonomasia y un desencantado alarido de angustia que parece advertirnos en torno al acelerado proceso de deshumanización que amenaza la existencia misma de una civilización decadente y virtualmente vaciada de valores.
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