Comediantes.com. Versión bien lograda que divierte sin pausas ni baches

La casamentera, de Thornton Wilder, en el teatro Alianza

Fue una curiosa evolución, muy semejante a la «Pigmalión» de Shaw, que hoy es, y casi no puede ser otra cosa, que su musical, «My fair lady». Lujos paradójicos para un artista como Wilder, que se consideraba un profesor de literatura más que un escritor, modestia que, a diferencia de oceánico y tronante Shaw, hace muy poco visible a su persona singular. Para mejor, Wilder, que partía casi siempre de obras de otros escritores, desconcierta con su fantástica variedad de intereses, que lo llevó a tratar, siempre con destreza y gracia, tanto una serie de episodios que suceden en Lima bajo la dominación española («El puente de San Luis Rey»), como los últimos días del romano Julio César («Los idus de marzo») o, en la línea de Sherwood Anderson y su discípulo Faulkner, la historia de un pueblo de los Estados Unidos a comienzos del siglo XX («Nuestro pueblo»).

Examinada hoy, «The matchmaker» («La casamentera»), inspirada en una farsa del siglo XIX del escritor austríaco Johann Nestroy (a su vez deudora de una obra inglesa de 1834), se muestra tan dúctil y maleable como para poder presentarse tanto como un vaudeville a lo Feydeau, una comedia brillante a lo Oscar Wilde o aún, lo que creemos fue la intención primera del autor, una comedia social, en el estilo de las «Play Pleasant» de Bernard Shaw; en este sentido nos resulta muy shaviano el conflicto entre el arte y el dinero, tema que se presenta con una fuerza avasalladora en las primeras escenas de «La casamentera» y que después, con los desopilantes Dolly Levi (Elena Zuasti) y Cornelio Hackl (Alejandro Martínez) tendemos a olvidar.

La versión de «Comediantes.com» está bien lograda y divierte sin pausas ni baches; sin menospreciar este importante mérito, no llegamos a encontrar en esta «La casamentera» un carácter definido y rotundo, como si el director Alvaro Ahunchain, que mueve hábilmente y en muy poco espacio a diecisiete personajes, se hubiera rehusado a sacrificar ni una sola de las múltiples interpretaciones posibles de la pieza, con la fatal consecuencia de que no se sabe bien a dónde va todo. Apreciamos, gracias a la precisión de la puesta en escena, el ingenio de la trama, la velocidad mercurial de la acción, la claridad con que son definidos los personajes; todo es agudo, inteligente, brillante. Pero la banda sonora (Alvaro Ahunchain), los hermosos trajes de Nelson Mancebo y los encantadores sombreros de Andrea Peveroni, un regalo para la vista y el oído, nos sugieren poderosamente el musical, en tanto la austera escenografía y buena parte de la interpretación nos envía a los climas de Oscar Wilde o Bernard Shaw.

La interpretación no tiene puntos débiles y hace lucir minuto a minuto al texto de Wilder; las menciones singulares que escribimos a continuación no desmerecen al conjunto de los actores. En el papel que da origen al título, Elena Zuasti, como Dolly Levi, estuvo impecable; las interpretaciones de Hugo Giacchino como Horace Vandergelder (en esta pieza «Vandam»), Alejandro Martínez, Virginia Méndez y Stefanie Neukirch tienen relieve, atractivo personal, competencia y soltura.

 

LA CASAMENTERA, de Thornton Wilder, en traducción de Eduardo Marzorati, por la compañía teatral Comediantes.com. Con Hugo Giacchino, Nicolás Furtado, Darío Sellanes, Charito Siciliano, Alejandro Martínez, Magdalena Long, Alexis Savia, Elena Zuasti, Rafael Beltrán, Stefanie Neukirch, Josefina Trías, Nicolás Invernizzi y Virginia Méndez. Escenografía de Alvaro Bonaglia, vestuario de Nelson Mancebo, luces de Martín Rodríguez, ambientación sonora de Carlos García, selección musical y dirección de Alvaro Ahunchain. Estreno del 18 de junio, teatro Alianza, sala 2.

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