LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Los adverbios no tienen dueño

Título raro, ahora que dice, el de esta columna, ¿verdad? Pero pensándolo bien, entre la infinidad de cosas que pertenecen a alguien (o a algunos) encontrar algo que no tiene dueño es realmente insólito. Tan insólito que el común de la gente prefiere acompañar estos elementos gramaticales con algún posesivo. Fíjese, si no, en enunciados como estos: ‘Venía caminando detrás tuyo'; o ‘El gato duerme arriba mío'; o ‘No llegó a tiempo porque adelante suyo iba un camión muy lento'; o ‘Cerca nuestro había un restaurante muy barato’.

Todas estas palabritas: detrás, arriba, adelante, cerca, son adverbios de lugar o de lugar y tiempo. Y las otras (mío, tuyo, nuestro) son pronombres posesivos. Los posesivos, como su nombre lo indica, denotan posesión de algo por alguien o pertenencia de algo o alguien a algo o alguien: si hablo del auto de Pedro, diré ‘Su auto’ o ‘El auto suyo'; si me refiero a la madre que te parió, diré ‘Tu madre’ o ‘La madre tuya'; cuando se trata de las paredes de la casa, diré ‘Sus paredes’ o ‘Las paredes suyas'; y si quiero aludir al partido a que pertenezco, hablaré de ‘Mi partido’ o ‘El partido mío’. Como se advierte, los posesivos se refieren a un sustantivo, pero jamás a un adverbio, de modo que a poco que nos pongamos a analizar la cuestión, veremos que es un soberano disparate hablar de ‘lejos mío’ cuando de lo que se trata es de ‘lejos de mí’. Digamos, entonces: ‘Venía caminando detrás de ti (o de vos); ‘El gato duerme sobre mí'; ‘No llegó a tiempo porque delante de él (o de sí) iba un camión muy lento'; o ‘Cerca de nosotros había un restaurante muy barato’.

–Así que cuando pierdo al truco y los otros se burlan, no puedo decir que se están riendo mío… Mirá vos. Todos los días se aprende algo nuevo.

–¡Qué lo parió!

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