El lector: el Oscar que faltaba llegó a las pantallas de Uruguay
La película, en realidad, también había conquistado otros lauros (los Premios Globo de Oro y Bafta en rubros similares) además de generar cierta polémica entre el auditorio internacional por la temática que desarrolla.
En el argumento, focalizado en Alemania tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, un muchacho quinceañero conoce accidentalmente a una mujer que le dobla en edad y con la cual entabla una relación erótica sentimental muy fuerte. El título del filme, precisamente, alude a las lecturas de autores clásicos que el joven realiza a su singular pareja durante estos encuentros y, con el correr de la historia, dicha actividad se elevará como pieza clave de una resolución argumental impactante. Sin embargo, esta suerte de secreto que se establece en la proyección no establece el componente desacomodador que ha generado tanto ruido en su exhibición internacional.
La problemática en realidad parece estar dada en una segunda vuelta de tuerca donde dicho joven (ya convertido en un estudiante de derecho avanzado y prometedor) reencuentra a este personaje en el banquillo de los acusados por los crímenes de la Alemania nazi como celadora de uno de los tenebrosos campos de concentración que triste celebridad han alcanzado en la peor historia de la humanidad. Esa confrontación, que supone un dilema en el protagonista (interpretado en la edad madura por Ralph Fiennes) también se traslada al espectador y, de alguna manera, se convierte en la piedra del escándalo ya que ofrece lo que podría catalogarse como una faceta humanizada de alguien que tiene el rótulo de victimario dentro del espacio temporal del Siglo XX. En este sentido, entonces, podría decirse que «El lector» no es una película de fácil asimilación. Por el contrario, su plasmación en pantalla supone una actitud desprejuiciada del público frente a una anécdota erizada de aristas que comprometen sentimientos diversos de la comunidad planetaria en general y de ciertas colectividades en particular.
Quizás, entonces, lo más saludable resulte dejarse llevar por la admirable caracterización de Kate Winslet que, sin lugar a dudas, ofrece una de las mejores representaciones de su carrera (no debemos olvidar que la actriz ya había sido nominada una media docena de veces) dentro de un papel al que se entrega en cuerpo y alma, literalmente.
probablemente, sin la actuación de Winslet, la película no tendría el impacto que realmente provoca a través de una sostenida gradación que va generando en el espectador varios sentimientos encontrados de difícil resolución. Obviamente, no es una película glamorosa y quizás a esto (junto con los resquemores ya señalados) es que se deba su tardía exhibición fuera de los bombos y platillos de la Academia de Hollywood. Ya se sabe que, por lo general, la industria aprovecha todos los ecos de la premiación para estrenar las películas galardonadas con mayor posibilidad de rentabilidad. No parece haber sido este el caso (por lo menos en el Río de la Plata), sino que se estrena en una época atípica y de cara a las vacaciones de julio donde ya se sabe la gente «está para otra cosa». Valdría la pena, de todas maneras, que el filme no pasara desapercibido no ya para el denominado gran público (eufemismo de gusto masivo) sino para aquella platea sensible a un cine de calidad que apuesta a los contenidos y a la valoración estética que una realización pueda promover. Dentro de estos parámetros, «El lector» cumple totalmente con los requisitos que un público exigente puede demandar a la hora se sentarse en una butaca. Vale.
El lector. (Estados Unidos, Alemania, 2008). Dirigida por Stepghen Daldry. Guión. David Hare y Bernard Schlink. Con Kate Winslet, Ralph Fiennes y Bruno Ganz.
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