LA HISTORIA DE UN MITO
Mientras la historia es el correlato escrito del pasado, el mito es la construcción o reconstrucción simbólica de una realidad ideal, a menudo impregnada de aliento épico y romanticismo.
Obviamente, los estudiosos suelen atribuir mayor validez y veracidad a los hechos sometidos al examen de la investigación, aunque jamás desestiman las leyendas como fuentes alternativas de conocimiento.
En efecto, en el imaginario colectivo siempre habita ese componente indispensable que se nutre habitualmente de la tradición o narración oral, la anécdota y las creencias.
De algún modo, este fenómeno define la identidad cultural de un pueblo, que, para perpetuarse en el tiempo, necesita construir su propia e intransferible mitología.
Este discurso suele tener rasgos heroicos, cuyo propósito es, naturalmente, la maximización de las grandezas y la minimización de las miserias.
Aunque pueda interpretarse que existe una compulsiva inclinación a barrer debajo de la alfombra, esta conducta responde claramente a una suerte de instinto de supervivencia colectivo.
Pese a su extrema juventud, nuestro Uruguay ha sido siempre un gran constructor de mitos, que, como en casi todos los casos, abrevan abundantemente de la historia.
Desde el concepto de nación que no siempre estuvo presente en el espíritu de nuestros próceres, hasta la afirmada creencia en la invulnerabilidad de la democracia, el pasado y el presente del país están signados por la ambigüedad.
Ni que hablar de la siempre presente y hasta obsecuente vocación de colonia primero europea y luego norteamericana que ha impregnado fuertemente a la cultura nacional.
De la peor manera, la dictadura corroboró que no éramos una isla en el contexto del continente y que nuestra sociedad no estaba vacunada contra la barbarie de los déspotas de turno y títeres del imperialismo.
En «Uruguayos campeones», los docentes e historiadores Tabaré Petronio Arapí y Mario Tonarelli reconstruyen, con una mirada minuciosamente reflexiva, los primeros cincuenta años del siglo pasado.
El período analizado comprendido entre 1900 y 1950, coincide con el crucial despegue que significó la fundación del denominado Uruguay de la modernidad. Con un riguroso y plausible criterio cronológico, los autores restituyen la memoria de los acontecimientos más trascendentes de la primera mitad del siglo, tanto en el ámbito político como económico, social y hasta deportivo.
Mediante un lenguaje directo, los escritores ingresan en los territorios de ese proyecto de Uruguay «feliz», «optimista» y cosmopolita, pródigo en reformas, construcciones de diversa naturaleza, manifestaciones artísticas y grandes proezas deportivas.
El relato transita acontecimientos cruciales que van marcando el derrotero del país, desde el epílogo de las guerras civiles y la fundación del denominado Estado de Bienestar batllista, pasando por el golpe de Gabriel Terra, la instauración del sufragio universal, las movilizaciones obreras y la reivindicación de los derechos de la mujer.
Obviamente, no faltan explícitas referencias a las hazañas olímpicas de Ámsterdam y Colombes, los mundiales de Montevideo y Brasil y la consagración de las letras uruguayas.
Aunque esa recreación analítica confirma que Uruguay fue otrora un país muy avanzado en materia de legislación y movilidad social, no soslaya los claroscuros de una sociedad que siempre albergó en su vientre fuertes asimetrías.
«Uruguayos campeones» corrobora que el proyecto uruguayo no fue tan «feliz» ni «optimista» y que, de algún modo, la efímera Suiza de América fue un mito autocomplaciente.
(Editorial Arca)
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