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Bienal de Venecia, inaugurando bajo la lluvia

El sábado se inauguró la 53ª Bienal Internacional de Venecia, la más famosa y antigua de todas en el marco esplendoroso de una ciudad sin competencia posible, mientras un temporal de viento y lluvia inundaba la Plaza San Marcos.

No sólo la meteorología opacó la Biennale. La eleciones al parlamento europeo dejaron sin personal el trasporte fluvial y el caos se instaló en el Gran Canal, mientras en los Jardines de la Biennale desembarcaban los piratas del medio ambiente denunciando a los poderosos capitalistas causantes de la crisis actual. De inmediato, los enviados especiales de los diarios de todo el mundo (un rubro que todavía subsiste) dejaron sus primeras impresiones en los ajetreados días previos al acto inaugural de la Biennale que lleva como lema Construyendo mundos Alicia de Arteaga de La Nación, sentenció: «A modo de balance anticipado, debe decirse que ya no están las muchedumbres de otros tiempos, ni el ánimo festivo, ni los jets privados en el aeropuerto Marco Polo. Los barcos siguen estando y la gran novedad, la cereza del postre, es la Punta de la Dogana, el nuevo museo de arte contemporáneo de Francis Pinault, rico entre ricos, francés, dueño de Christie´s, de Au Printemps, Carrefour, librerías FNAC y de Gucci».

La Bienal «es un poco triste», afirmó el productor y coleccionista Marin Karmitz, opinión confirmada por los confiables críticos Harry Bellet y Philippe Dagen de Le Monde, agregando que «le falta coherencia (…) no compromete a nada, la selección operada por su director Daniel Birnbaum deja perplejo: ni preferencias netas, ni direcciones establecidas, ni novedades». En la parte del Arsenal, continúan, «una enumeración sin hilo conductor y sin gran intensidad, con una sensación de déjà- vu. La esperada representación de los Emiratos Arabes debería ocupar el lugar de un Salón de Turismo de lujo, con sus hermosas maquetas y sus beatas declaraciones de optimismo político». Pero es justamente en el Arsenal que encuentran mayor interés con Pascale Martine Tayou, artista de origen camerunense que vive en Bélgica, de Anawana Haloba, de Zambia, y del tibetano Gonkar Gyutso, emigrado a Londres. Quedaron desilusionados por los envíos de las grandes potencias: Claude Lévèque (Francia), Steve McQueen (Gran Bretaña), Liam Gillik (Alemania), Bruce Nauman ( Estados Unidos) y el español Miguel Barceló. En cambio se entusiasmaron con los pabellones de Polonia (Krzysztof Wodicko), el mejor a su juicio, el finlandés Jussi Kivi, el húngaro Peter Forgacs y los rusos Pavel Pepperstein y Alexis Kallima.

Para Il Gazzettino de Venecia: «Como un carnaval dieciochesco, en Venecia pulula la bizarrería obscena y la extravagancia tutelada de la inmoralidad artística», una anotación que no desmiente la posición pacata y conservadora, referida sobre todo al artista californiano Paul McCarthy, en su serie de varios hombres en fila con penetraciones de botellas de plástico. Confirmando así, al crítico Michael Fried de que «Las artes plásticas se volvieron una suerte de gran empresa escenográfica sin texto ni actores».

En esta edición de la Bienal véneta, el pabellón de Uruguay está ocupado por Raquel Bessio, Juan Burgos y Pablo Uribe.

La auténtica novedad, fuera de la Bienal, fue la inauguración de la segunda colección Pinault en la Punta della Dogana, enfrente a la Plaza San Marcos (la primera está en el Palazzo Grassi). Pero el arquitecto nipón, Tadao Ando, parece que reconvirtió el lugar, un viejo edificio del siglo XVI, en un ámbito mágico, muy distante del inadecuado Palazzo Grassi, mientras Renzo Piano (coautor del Centro Pompidou), estrenaba la Fundación Emilio Védova. Venecia, cada vez más, inagotable. Hay tiempo para verla hasta el 22 de noviembre, previa oblación de 18 euros, más los gastos del viaje y estadía. Realmente, para el disfrute de minorías.

El miércoles, le toca el turno a Art Basel, la feria de arte más importante del mundo en su 40ª edición y una programación pensada hasta el mínimo detalle, en apenas cinco días que conmueven el mundo del arte en la opulenta ciudad suiza de Basilea.

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