LOS SORDIDOS TERRITORIOS DEL DELITO

La novela negra en su vertiente más clásica, la que proviene del «hard boiled» norteamericano, sobrevive hasta nuestros días, actualizándose permanentemente. Sin embargo, siempre retorna a sus orígenes, para abrevar directamente de las fuentes y mantener determinados cánones más o menos intactos.

Lejos de la típica novela de misterio anglosajona, el policial negro no se basa meramente en una intriga ni toma como eje el enigma. La clave es profundizar en la psicología de los personajes, más que en la resolución de un eventual caso policial.

Si el relato de misterio suele enmarcar su acción en ambientes aristocráticos, la novela negra lo hace en los suburbios y en los territorios más sórdidos del paisaje urbano.

Los ambientes marginales y los personajes que cuestionaban brutalmente el tan manido «american way of life», fueron la tónica de este estética literaria que, si bien era apolítica, desnudaba sin cortapisas las falencias de un sistema que acabaría finalmente por derrumbarse.

En «Delitos a largo plazo», el autor inglés Jake Arnott construye un destacable ejercicio del policial más prototípico y puro, que, en buena medida, marca un retorno a las raíces del género, pero dotado de un estilo ágil y moderno.

Harry Starks es el gangster protagonista de la novela, cuya historia es narrada por cinco personajes vinculados, en mayor o menor medida, al implacable y mitificado mafioso. Lo variado de los puntos de vista, las diferencias de enfoque y de estilos al relatar, enriquecen la obra y el retrato del influyente matón.

El autor se inspiró, de forma más o menos libre, en el tristemente célebre Ronnie Kray, una auténtica leyenda del crimen organizado de la década del sesenta.

Starks, el protagonista de la novela, primera de una trilogía que lo tiene como eje, es un individuo contradictorio. Elegante, por momentos refinado y sensible, es también un asesino despiadado y cruel, que disfruta sádicamente al infligir dolor y dominar a los demás.

Además, el poderoso delincuente es homosexual, lo que le añade más ambigüedad a la personalidad de un hombre que sustenta su poder en el temor y la violencia.

La obra destaca por la minuciosa recreación de la sociedad londinense de las décadas del sesenta y el setenta, un momento histórico de vanguardias culturales, idealismos y resquebrajamiento de modelos políticos.

Además, los cinco narradores agregan interesantes apuntes que contribuyen a construir un adecuado retrato del personaje, conformando una curiosa y bizarra biografía, no sólo del protagonista sino de toda una sociedad.

Si bien a grandes rasgos la novela se enmarca nítidamente dentro del género policial negro, Arnott juega constantemente con los estilos y los géneros, haciendo discurrir la obra por el drama, el humor, la sátira, la crónica y el ensayo.

No obstante, pese a sus plausibles aciertos en materia de construcción literaria y de recreación de ambientes, el autor no logra trascender al mero estereotipo al momento de diseñar a sus personajes, que parecen clonados de otras obras o adaptaciones cinematográficas.

(Editorial Random House)

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