LIBROS: Análisis. "El colapso de Wall Street" plantea un horizonte de temor e incertidumbre

La implosión del capitalismo y sus dramáticas secuelas globales

En «El colapso de Wall Street», Diego Iturburu construye un minucioso ensayo que analiza la génesis, el desarrollo y las dramáticas repercusiones del derrumbe del modelo de acumulación capitalista global.

El autor, que es contador egresado de la Facultad de Ciencias Económicas y tiene un master en finanzas de la Universidad de Montevideo, ha realizado numerosos cursos de perfeccionamiento en el exterior.

Asimismo, ha desarrollado una importante experiencia de trabajo en instituciones financieras, lo cual le ha permitido consolidar y profundizar conocimientos en la materia de su especialidad, además de madurar nuevas herramientas de análisis.

En este libro, cuya coautoría está a cargo de su colega Pablo Arrieta, el economista ingresa en el ojo de la tormenta de la grave crisis que actualmente golpea al mundo desarrollado, con dramáticas secuelas en los denominados países periféricos.

Despojando a su planteo de toda connotación ideológica, el autor asume el desafío de reconstruir la caótica escenografía mundial desde una perspectiva esclarecedora, procurando arrojar luz sobre el origen de la debacle.

El trabajo, que por su terminología técnica y lenguajes resulta bastante complejo para el consumo del lector común, propone una visión frontal y nada complaciente de lo sucedido en las mecas del poder económico global.

En ese contexto, analiza la ansiedad e incertidumbre que caracteriza a este momento crucial de la historia contemporánea, en función de la dinámica de los acontecimientos que marcan este ciclo recesivo del mundo capitalista.

Sin embargo, el técnico no se limita a elaborar una mera cronología de lo que ha venido sucediendo en los dos últimos años, sino que hurga en los orígenes y las causas de este fenómeno de dimensión planetaria.

Mediante un bien estructurado esquema de trabajo, Iturburu visualiza claramente todos los conflictos de naturaleza contextual, que fueron los potenciales disparadores del colosal derrumbe de la arquitectura económica y financiera del denominado primer mundo.

Aunque su trabajo no enfatiza en la crítica al modelo de acumulación capitalista, sí explicita las responsabilidades de los actores económicos, políticos e institucionales que -por acción u omisión- provocaron el desastre.

Obviamente, en el centro del debate está el estrepitoso fracaso de los teóricos apóstoles del sistema, que, cuando naufragó el denominado socialismo real, pronosticaron el fin de la historia y proclamaron ­a viva voz- el catecismo neoliberal.

La historia les demostró que ningún modelo es invulnerable, máxime si en su seno alberga groseras contradicciones y disfuncionalidades. Evidentemente, fueron víctimas de su propia soberbia, miopía y falta de autocrítica.

El trabajo se inaugura con el abordaje de la génesis de la crisis financiera, que es, por supuesto, de naturaleza multicausal y de un alto grado de complejidad.

Haciendo epicentro en los Estados Unidos, el autor se refiere concretamente a un contexto que califica de benigno, con el desmesurado aumento del precio de los activos inmobiliarios, el incremento del ahorro externo y las bajas tasas de interés.

Por supuesto, no soslaya los factores de origen sistémico, como la inadecuada valoración del riesgo, la notable expansión del crédito y la ausencia de regulaciones y supervisiones adecuadas.

Entre las nuevas causas, Iburburu identifica lo inadecuado de los modelos de negocios y del sistema de incentivos que, a su juicio, constituyen elementos cruciales para la interpretación del fenómeno en su globalidad.

Su minucioso análisis del contexto previo a la implosión del modelo, coadyuva a la comprensión de las circunstancias que devinieron en la debacle.

Para enriquecer su planteo, el técnico reseña brevemente las crisis económicas globales del último siglo, poniendo un particular énfasis en la denominada Gran Depresión y el contexto situacional de la posguerra.

Ello le permite concluir que la actual coyuntura es más severa e imprevisible que las anteriores, particularmente por la extrema complejidad de la ingeniería financiera contemporánea.

Al aludir concretamente a la larga secuencia de derrumbe de las economías de los países centrales, el especialista advierte que las primeras señales se verificaron hace más de dos años, con la explosión de la denominada burbuja inmobiliaria.

Intercalando permanentes reflexiones analíticas, el especialista recrea todas las etapas del dramático proceso, desde la crisis del crédito y la caída del mercado de dinero, hasta el estrepitoso colapso del sistema financiero y sus repercusiones en la economía real, la inversión, el empleo y el consumo.

Aunque resulte bastante más conocido, Iturburu recuerda igualmente las medidas de salvataje dispuestas por los gobiernos de las grandes potencias económicas, consistentes en millonarias inyecciones de liquidez, programas de capitalización y hasta la compra de activos de entidades financieras al borde de la quiebra.

La evocación de estos acontecimientos, que naturalmente sucedieron a ritmo de vértigo, convoca a una profunda reflexión en torno a los criterios que prevalecieron en los tomadores de decisiones, que contradicen la lógica capitalista.

En efecto, la masiva estatización de bancos en Estados Unidos y Europa, que fue una estrategia de claro corte keynesiano o si se quiere hasta socialista, demolió de plano el hasta el momento triunfante discurso hegemónico del neoliberalismo.

Diego Iturburu también examina los diversos canales de transmisión y los impactos potenciales de la crisis, tanto desde el punto de vista monetario como bursátil y financiero, sin omitir las graves repercusiones en la economía real.

Ciñéndose a una rigurosa lógica científica que no omite la crítica, el autor afirma que lo crucial es el restablecimiento de la confianza, objetivo que, a su juicio, aún no se ha logrado.

En tal sentido, considera que las medidas de salvataje resultan aún insuficientes para mitigar la ansiedad y la incertidumbre de los mercados, severamente impactados por las secuelas de la traumática implosión.

Iturburu pronostica que la transición será inevitablemente dolorosa, anticipando el advenimiento de un cambio radical en las coordenadas y la arquitectura de la economía global.

En su opinión, una de las claves será mejorar sustancialmente los mecanismos de regulación y supervisión de la actividad financiera y empresarial, generando anticuerpos contra las propias disfuncionalidades y los excesos del mercado.

Obviamente, su discurso, que se ajusta rigurosamente a la dramática realidad contemporánea, demuele ­quizás sin proponérselo- la irresponsable prédica de algunos actores políticos y económicos uruguayos aferrados a su statu quo de privilegios, que parecen vivir en otra galaxia.

La única objeción que corresponde formularle a este valioso trabajo de análisis de coyuntura, es la casi total ausencia de referencias explícitas a las repercusiones locales de esta demoledora crisis global.

No obstante, «El colapso de Wall Street» es un revelador ensayo dotado de rigor técnico, que coadyuva a la comprensión e interpretación de la génesis y el ulterior desarrollo del proceso de derrumbe del mundo capitalista.

La obra es también una valiosa herramienta de debate, que habilita una profunda reflexión sobre la flagrante miopía de los apólogos vernáculos de un sistema fracasado.

(Artemisa Editores)

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