Disparen contra el Pritzker
El Premio Pritzker, equivalente Nobel en arquitetura, fue iniciativa de una acaudalada familia de Chicago, dueña de la cadena de los lujosos hoteles Hyatt.
Desde 1979 se distinguieron a arquitectos indiscutibles, aunque discutidos del panorama internacional provenientes de los cinco continentes. El Premio Pritzker tiene el invalorable mérito de haber catapultado a la arquitectura en la difusión de los medios, de haberla afirmado en su condición creadora como un lenguaje propio del arte contemporáneo, algo que incluso varios arquitectos se resisten a aceptar. Aún hoy. Cierto, casi todos los galardonados se convirtieron en estrellas de poderosa irradiación mediática por obras de una grandeza y una grandiosidad poco frecuentes. La audacia constructiva, la delirante imaginación y el ingenio tecnológico confluyeron de manera inextricable. Y las rumbosas entregas del premio, en lugares ampliamente divulgados, contribuyeron a su enancamiento social.
La arquitectura salió del gueto cerrado de los ámbitos especializados y académicos para infiltrarse en las páginas culturales de diarios y revistas, ser accesible al ciudadano común, su destinatario obligado. Un mérito indiscutible. Los nombres de Frank Ghery, Oscar Niemeyer, Renzo Piano, I.M. Pei, Herzog & De Meuron, Mario Botta, Rafael Moneo, Siza Vieira, Tadao Ando, Jean Nouvel comienzan a ser tan familiares y recordables como Picasso, Matisse, Mondrian, Tapies, Louise Bourgeois o Bill Viola. Todo muy positivo.
Como los premios literarios del Nobel, los Pritzker ahora son discutidos. Fredy Masad y Alicia Guerrero Yesto arremeten, desde ABCD las Artes y las Letras, el suplemento madrileño del diario ABC, contra los criterios establecidos por los jurados del Pritzker. Si bien están de acuerdo con el último premiado, el suizo Peter Zumthor, por permanecer ajeno a la fastuosidad de los superarquitectos, con edificios de sobria y armónica estructura, respetuosos del medio ambiente. «No obstante, algo huele a trampa estratégica en esta perfecta decisión», escriben. Y agregan: «Una trampa en la que la figura de Peter Zumthor no está involucrada, pero que obliga a cuestionar una vez más los criterios que guían al jurado del Pritzker y a buscar entre líneas una interpretación del sentido sobre el significado cultural de la arquitectura que están implicadas en la elección del último galardonado». Más todavía: «Ante la crisis, se está intentando redireccionar la concepción de la arquitectura hacia su vertiente más elitista y conservadora. Anteriormente, el Pritzker ha estado premiando a arquitectos fastuosos, cuyas estrategias para poseer presencia global les proporcionan puntos a favor y sus fantasías más estrambóticas, surgidas de una caprichosa impostura sobre la contemporaneidad, les transformaban en una especie de seres todopoderosos, que hoy se constata que están perdiendo el control; por eso, elegir ahora para imbuirlo con el prestigio del Pritzker a un arquitecto como Peter Zumthor, sin haber entonado antes un mea culpa, suena a funambulismo».
Se oponen a que el Pritzker «decida los devenires de la arquitectura presente» sin abolir «la primacía subyacente del edificio como objeto-icono» (la historia está plagada de ellos), cuando esperaban «que la crisis sirviera para develar otros modelos, más ligados a un mundo complejo y en transformación de sus estructuras conceptuales e ideológicas» (…) «La banalidad del Pritzker intenta impedirnos reflexionar, antes mediante fastuosidades, hoy queriendo obnubilarnos con belleza sutil. La arquitectura es algo más que la necesaria belleza, que sofisticación». Y aunque afirman el debido reconocimiento a Zumthor, «mucho más que los laureados de los últimos años», no se atreven a escribir ningún nombre.
Sergio Meirana en Bolivia
Sí son numerosas las exposiciones colectivas de uruguayos en el exterior (ferias de arte en San Pablo, en la actual de Buenos Aires, la participación en Venecia), menos difundidas son las individuales. Sergio Meirana, uno de esos pocos talentos con una consolidada propuesta y una obra original demostrada en la última Bienal del Mercosur, estuvo 20 días en Sucre, Bolivia, realizando un taller para jóvenes sobre la independencia de América, en ocasión de conmemorarse el bicentenario de la liberación del país. Al mismo tiempo, presentó dos instalaciones exhibidas en el Museo de Etnografía y Folklore: en una utilizó una antena parabólica como símbolo de comunicación hacia todo el continente americano con el plano de Chuquisaca dibujado en el centro, en el piso un tapiz de papas de diferentes clases y parado en la antena, un personaje político de casta, muy común en Sucre, que observa el acontecimiento. La otra instalación consistió en dos personajes tejiendo la bandera de Bolivia (ver foto), tradición fuerte del lugar (Chuquisaca) del tejido indígena. Ambas insalaciones fueron inauguradas junto a ¿ Menos tiempo que lugar?, muestra internacional de videos, basada en una frase de Mario Benedetti. La muestra de video estuvo a cargo de los curadores Cecilia Bayá y Alfons Hug e intervineron artistas de Argentina, Bolivia, Alemania, Estados Unidos, Brasil y China.
Además,en el Spazio Oberdan Italia-Milán, fue invitado a exponer en la muestra Las fatigas del querer, con curadoría de Philippe Davieri, seleccionado a partir de la muestra realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de San Pablo el año pasado.
Inauguraciones
El fotógrafo Carlos Contreras inauguró Fotogalería del Solís, que puede visitarse de martes a domingo de 15.00 a 20.00 hasta el 30 de agosto, Aline Levy exhibe pinturas en el Instituto Yavne, de Luis Cavia 2800 y Analía Piscitelli y Carola Brie inauguran el viernes, a las 19.30 en el EspacioFoto del Foto Club de Uruguay, Ejido 1444. El viernes, a las 19.00, el Espacio MEC anuncia la inauguración de Transpuesto de un estudio. Para un retrato común, Conchillas.
El martes, el Museo Nacional de Artes Visuales será escenario de la entrega de los Fondos Concursables, aunque no suministró la información a la prensa. Por último en el Espacio Santos del Ministerio de Relaciones Exteriores el martes a las 19.00, Muñecas Japonesas.
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