Un ensayo notable
Eleanor Heartney, importante crítica de arte estadounidense con dilatada experiencia en las revistas Art in América y Artpress, con varios libros publicados, emprende una heroica tarea en Arte & Hoy (Phaidon Press Limited, 2008, 448 pp., primera edición en español impresa en China. Distribuye Editorial Oceano del Uruguay S.A.).
Hojear rápidamente el libro es quedar imantado a él. Escapa a todos los criterios conocidos, sean cronológicos, geográficos, tendencias, movimientos o celebridades. La autora, residente privilegiada del centro de operaciones del poder mundial del arte, Nueva York, asidua asistente a bienales, documentas, ferias y otras manifestaciones similares, demuestra una mirada experimentada, de agudeza inusual, nutrida por una sólida formación universitaria que le permite reunir en pocas páginas y en admirable síntesis las historias del arte y la filosofía, la antropología y la política, la vida cotidiana y las inquietudes colectivas. Utiliza un discurso claro y accesible, con una envidiable soltura (resultado de su pasaje por el periodismo, sin la solemnidad del lenguaje académico), aunque no sea accesible conceptualmente a la mayoría. Porque el arte actual es, de por sí, complejo y desconcertante. Y lo que revela Heartney es el penetrante recorrido de su mirada por las exposiciones internacionales manifestadas en las citas y las numerosas ilustraciones. No es casual que elija obras de Katharina Fritsch, Hanne Darboven, Juan Muñoz o Hans Richter, para citar algunos de los numerosos casos, envíos a las bienales de Lyon y Documenta, luego en otros centros culturales, pero que implican un acercamiento de otros experimentados especialistas al panorama globalizador.
La dificultad estriba, para el lector que no frecuenta las exhibiciones internacionales, en que una sola reproducción no puede ilustrar a un artista, a menudo cambiante en pocos años. Una referencia evidente es la del videasta Bill Viola donde la autora se concentra en un aspecto parcial de su extensa producción y se desentiende de una fulgurante obra anterior. Es inevitable.
Porque lo que interesa en la estimulante, vigorizante lectura es el desapego a las estructuras canónicas tradicionales. De la misma manera que el arte actual. Heartney escribe que no «pretende ser una reseña exhaustiva de todas las corrientes artísticas y los artistas contemporáneos, este libro expone una serie de mininarrativas que aúnan grupos de artistas contemporáneos a la luz de su relación con un concepto más amplio. Los ensayos en sí pretenden ser más sugerentes que exclusivos, y las clasificaciones son porosas, lo cual explica que en ocasiones un artista aparezca en más de un capítulo. De hecho, muchos otros creadores podrían haber habitado esos mismos textos. Necesariamenye, este principio organizativo selectivo ha conllevado que algunos artistas contemporáneos destacados hayan quedado fuera de estas páginas, por el simple hecho de que no encajaban en ninguna de las narrativas planteadas». Esa lucidez, ese planteo franco de las limitaciones inherentes y el emprendimiento extraordinario que implica, pues «los principios organizativos convencionales han dejado de ser válidos». Por eso, con enorme inventiva, estructuró el libro en torno a dieciséis temas o capítulos: Arte & cultura popular, Arte & objeto cotidiano, Arte y abstracción, Arte y representación, Arte & narrativa, Arte & tiempo, Arte& naturaleza y tecnología, Arte & cuerpo, Arte & identidad, Arte & espiritualidad. Arte & globalización, Arte & arquitectura, Arte & instituciones Arte & política y Arte & público.
La simple enumeración de los temas es indicativa del poderoso atractivo libro que, además, despliega una cultura general extensa e intensa, sabiamente administrada en su erudición sin alardes, casi implícita y recatada, un caudal informativo extraordinario, bien atendido, que los buenos lectores sabrán disfrutar con inmensa satisfacción. Es cierto que no abundan las referencias a los artistas de la periferia (aunque tampoco faltan) pero esos países, por diversidad de motivos, desde los económicos a los culturales, no se encargan de potenciarlos.
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