NEURONAS Y NEUROSIS

YO, TINELLI

Los argentinos son adictos al endiosamiento. El fanatismo, que suele atacar fuerte en el ámbito político, tiene sus principales válvulas de apasionamiento en el fútbol y en el mundo de la televisión. Ya se conoce la devoción por Maradona, un santo varón para muchos, aunque esté devaluándose luego de la goleada de los bolivianos, porque para ellos importa lo grande que fue en las canchas y así olvidan u ocultan todo lo malo de su vida personal llena de drogas y otras maldades. Ahora está la tele con Santa Susana o Santa Mirtha y el nuevo beatificado que es Marcelo Tinelli.

Este lunes 4, Tinelli dio otro paso hacia la veneración, sin canonización ­ellos no la necesitan, la alimentan día a día con choluleces y escándalos­ al abrir la nueva temporada en «el trece» con los veinte años de su programa.

Nadie puede dudar de su capacidad para encantar, para hechizar a los siempre ávidos televidentes que esperan la cuota de fascinación e idolatría que les evite sentir la realidad de una Argentina que parece derrumbarse sin salvación. Es un tipo con tremenda simpatía, encantador se diría, con caídas hacia la ramplonería, la grosería y vulgaridad pero en quien se suelen reflejar los sueños de los televidentes. Una generosa risa suele apoyarle y conquistar cualquier descalabro.

Todo ello, además, sostenido en presupuestos muy elevados, en los que no parece importar cuánto y cómo se gasta salvo que ello sea para lograr un producto que genere muchos puntos de rating y que llegue a superar a su futura competidora horaria, «la Su».

Por lo que antes era Canal 13 y ahora se populariza pasando a ser simplemente «el trece» no tuvo reparos para que San Marcelo gastase un dineral en su retorno.

Fue mucho, parece, por lo que reiteró Adrián Suar, buen actor y ahora a cargo de las producciones de esa emisora, pero apostando a ello quizás no se arrepientan.

Lo visto en esa primera salida, que tuvo como ya se sabía un cambio grande al abandonarse los «Bailando por un sueño» o «Cantando por…», con una especie de resumen de lo mejor de esos veinte años, lo principal estuvo en la vuelta de los humoristas, que en este caso todavía no han hecho mucho para justificarse.

Lo válido se pudo encontrar en las presencias de Guillermo Francella, en un tiempo dedicado a dos amigos, uno tristón, abandonado, como Marcelo, en una primera guiñada fulera a su situación de separación conyugal, y el otro un piola que intenta cambiarle el ánimo o con la presencia posterior de Antonio Gasalla, ese humorista fuera de serie, que hizo de maquilladora de emergencia para mejorar la cara del conductor y quien tuvo a su cargo la más directa relación a la situación matrimonial de Tinelli, quien le afirma categóricamente que todo está terminado.

Para algunos puede haber sido una manera de hablar y blanquear el tema, que desde hace tiempo manejan los chismosos de la tarde, o sea una oportunidad más para superar un trance difícil. A veces, el silencio sirve más.

Mucha expectativa en lo que sería la parodia de «Lost» en la que mucha gente trabajó. El resultado, bueno en lo visual pero nada más, o sea poco.

Más criticable quizás sea el comienzo, en el que una especie de video clips marcó fechas fundamentales, la llegada el hombre a la luna, el gol de Maradona a los ingleses, la caída del muro de Berlín y la aparición de Video Match en 1989. Parece exagerado creer que ello fue un momento histórico.

El «tinellismo» recibió, claro, toda la unción con decenas de bailarines y nombres famosos pero la duda es si será suficiente cuando se vuelva a la rutina diaria, rutina que tiene varias sorpresas como «El gran cuñado». ¿Bastará?

Vale precisar que en el momento de la exhibición de la promocionada broma de «Lost» todos deben haber sentido cierto alivio porque el «minuto a minuto» que realiza Ibope para medir la teleaudiencia, le marcó una cifra de 46%, muy por arriba de promedios de este año en todos los canales.

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