Decadencia. Un drama francés que reflexiona sobre la crisis de un modelo de convivencia

Las horas del verano: dilemas de la era de la globalización

El rostro más grotesco de la mundialización es la virtual desaparición de las soberanías nacionales, la cada vez más acentuada trasnacionalización del capital y el salvaje modelo de acumulación, que afronta actualmente una severa crisis.

Esta situación, que en el tercer mundo incrementa las asimetrías sociales entre otras nefastas consecuencias, golpea también los códigos éticos de los propios países desarrollados.

La tradición, patrimonio que siempre identificó a las naciones europeas, parece estar naufragando en el agitado océano de contradicciones de un sistema cada vez individualista.

En «Las horas del verano», el realizador cinematográfico francés Oliver Assayas construye un conmovedor drama familiar, que reflexiona acerca de la crisis terminal de un modelo de convivencia.

Más allá de la mera anécdota argumental, el relato pone sobre el tapete el controvertido tema del conflicto intergeneracional y su habitualmente honda carga emotiva.

La narración gira en torno a tres hermanos ­dos hombres y una mujer- que se ven enfrentados al dilema de disponer el destino de los bienes heredados de su madre fallecida.

Las primeras secuencias del filme ­cuyo escenario es la suntuosa finca de campo familiar emplazada en la esplendorosa campiña francesa- aporta muchas claves del desenlace de la historia.

Las existencias de estos seres, que crecieron juntos compartiendo vivencias, afectos y secretos, tomaron diferentes rumbos hasta una inexorable separación.

Mientras Adrienne (Juliette Binoche) es una reconocida diseñadora que tiene su residencia en Nueva York, Jérémie (Jérémie Rénier) es un exitoso empresario radicado en China y Frédéric (Charles Berling) es economista y docente universitario. Sólo él tiene residencia en el país natal.

La lejanía de dos de los tres hermanos torno aún más compleja la distribución del patrimonio heredado, compuesto por la valiosa casa materna, invaluables piezas de arte y una colección de pinturas, que tienen una importante cotización de mercado e incluso son codiciados por el famoso Museo d`Orsay.

Los debates entre los herederos, que no son demasiado acalorados, precipitan una rápida definición del problema y generan una confrontación de intereses y de temperamentos.

Las urgencias económicas del hermano residente en China y la actitud de pasiva indiferencia de la diseñadora que reside en Nueva York, contrastan radicalmente con la postura del economista, que aspira a mantener todo como está en memoria de sus venerables ancestros.

Assayas enriquece la anécdota con los propios problemas familiares del hermano arraigado, quien debe luchar contra la adicción a las drogas de una hija desencantada y emancipada.

Sin embargo, esta circunstancia, que a priori parece una innecesaria disquisición del libreto, tiene enorme gravitación en el conjunto del relato.

Pese a algunas caídas de la tensión dramática, la narración evoluciona rumbo a un epílogo bastante abierto, que revela el tránsito de un modelo de convivencia decadente hacia un nuevo enfoque de interpretación de la realidad.

Olivier Assayas construye un conflictivo cuadro familiar, que enfatiza particularmente las opciones éticas y efectivas de cada uno de los protagonistas.

El minucioso retrato de actitudes humanas deviene en una aguda reflexión, acerca de las opciones de la posmodernidad y la crisis de los lazos filiales y afectivos que la caracteriza.

No en vano el hermano empresario radicado en China afirma que no regresará a Francia, porque el gigante asiático es el futuro, pese a que aclara que educará a sus hijos en un colegio inglés.

Otro tanto manifiesta la diseñadora, quien renuncia a su identidad y a sus raíces con tal de otorgar a su carrera el impulso profesional que le permita alcanzar el éxito definitivo.

El filme plantea los dilemas de una familia pequeño burguesa tipo, dramáticamente fracturada por la incomunicación del mundo globalizado, el desapego a la cultura y a la historia de un país que rinde pleitesía a su grandeza de otrora.

«Las horas del verano» es una obra sensible y ambiciosa, que discurre entre el drama, la nostalgia y la terrible crisis de identidad que agobia a la humanidad del tercer milenio.

Las horas del verano. Francia 2008. Dirección y guión: Olivier Assayas. Fotografía: Luc Barnier. Reparto: Juliette Binoche, Charles Berling, Jéremie Renier, Edith Scor y Dominique Reymond.

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