En el Solís. Espía a una mujer que se mata, obra del argentino Daniel Veronese

El tío Vania consultado y renovado

Todo parece simple en Daniel Veronese. Cuando ensaya, mantiene una atención firme y alentadora hacia los actores; dice unas cortas frases, en tono menor pero cálido y vuelve a esperar. Como dramaturgo sus obras parecen escritas de un tirón, fluidas como un río manso, vivas y hasta eléctricas.

Escrito por: Jorge Arias |

Martes 28 de abril de 2009 | 1:58
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En escena. El mensaje de Veronese es claro.

Con algo de luz de sol y mucho de tinieblas, pero transitables.

Las palabras recogen aquí y allá, en el andar y la suerte de las frases, alusiones, metáforas, bromas. En todo hay deliberación y en todo hay una parte de azar. Así ocurre en sus experimentos escénicos a partir de otros autores, de los que conocemos “Un hombre que se ahoga” sobre “Las tres hermanas” y ahora “Espía a una mujer que se mata” sobre “El tío Vania”, ambas de Chejov.

La obra ha sido reducida a poco más de la mitad, y en buena parte Chejov deja el lugar a Veronese que lo reconstruye con sus propios textos, a veces insertando temas aparentemente ajenos al original pero bien aclimatados, como cuando se refiere a Konstantin Stanislawski y a la forma de actuación. El escenario es interpolado y deliberadamente arbitrario: sencillo y a la vez misterioso por sus extraños ángulos, pertenece, íntegramente, a “Mujeres soñaron caballos”, del mismo Veronese, una pieza muy distinta, en todos sus aspectos, a “El tío Vania”. El vestuario y el idioma son los actuales del Río de la Plata.

El mensaje de Veronese es claro. El teatro puede prescindir de escenografía, vestuario, coreografía, entrenamiento corporal, luces helicoidales o robóticas. “Espía a una mujer que se mata” conserva, como los bonsai, en otro formato, todos los elementos vivos de la planta original, que no ha sido mutilada sino transformada y llevada a una nueva manera de vivir. La manipulación del texto original, en vez de dañarlo, parece devolverle lozanía y sentido. Oímos la voz de Chejov, por canales extraños; pero este mismo viaje del texto, a través de la mente de Veronese, dio al público la excitación y la expectativa de una obra enteramente nueva. Un comienzo de desorientación, un desconcierto de las percepciones que no terminan de armarse y hasta cierta sensación de alarma fueron suficientes para activar nuestra atención y volvernos más lúcidos. Estamos ante la razón profunda del dicho popular: “Al revés te lo digo para que mejor me entiendas”.

El elenco, que en parte ha actuado en otras obras de Veronese, es de primer orden. Osmar Núñez fue premiado por su labor en esta pieza como Vania; también fueron destacables las interpretaciones de María Figueras (Sonia), Marcelo Subiotto (Astrov) y Fernando Llosa (Serebriakov).

 

ESPIA A UNA MUJER QUE SE MATA, de Daniel Veronese, versión de “El tío Vania” de Chejov, con Osmar Núñez, María Figueras, Marcelo Subiotto, Fernando Llosa, Silvina Sabater, Marta Lubos y Mara Bastelli. Luce de Sebastián Blutrach, escenografía y dirección de Daniel Veronese. Teatro Solís, sala Zavala Muniz.

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