Grabado y diseño
Dos propuestas bien distintas caracterizan la escasa actividad de la temporada iniciada tardíamente pero que ha tenido, hasta ahora, momentos sumamente gratificantes.
Grabados de Eduardo Chillida
Con La poética del papel, grabados, gravitaciones y dibujos, primera exposición individual del artista Eduardo Chillida en Montevideo, el Centro Cultural de España, la más activa y selecta institución de la capital, permite el acercamiento a un aspecto de la personalidad del famoso escultor español.
La obra gráfica del escultor de Los peines del viento y de numerosas obras repartidas por España, al aire libre y en museos, así como en otros países, consagrado en encuentros internacionales (bienales y documentas) y distinguido con importantes premios (Príncipe de Asturias, Kaiserring y Wilhelm Lehmbruck, de Alemania, Imperial del Japón) inaugurará el martes a las 19.00 horas. Julio Niebla, curador invitado, licenciado en Historia de Arte Contemporáneo de la Universidad de Barcelona y curador independiente, en colaboración del Museo Fundación Chillida Leku, es el responsable de la muestra.
Eduardo Chillida nació en San Sebastián en 1924 y falleció en 2002. Forma parte de esa extraordinaria legión de escultores españoles del siglo XX que, además de Picasso y Joan Miró, contribuyeron al arte contemporáneo: Angel Ferrant, Alberto Sánchez, Pablo Gargallo, Julio González, Jorge Oteiza, Martín Chirino, para recordar las personalidades fundadoras de una estirpe revolucionaria de la concepción escultórica que se prolonga hasta hoy en distinguidos representantes.
Aunque intentó estudios de arquitectura en Madrid, fueron el dibujo y la escultura las disciplinas que lo atraparon desde el principio; también se dedicó al fútbol y fue, como el uruguayo Washington Barcala, un reputado arquero o portero, como dicen los españoles. El ambiente de la dictadura franquista no era propicio a la cultura moderna o a la cultura a secas. Por eso se radicó en París en 1948, conoció la obra de Picasso, Julio González, Brancusi y en especial le atrajo la escultura arcaica griega del Museo del Louvre, la luz blanca del Mediterráneo, según confesó. Se sintió desubicado, extraño, recordando el país vasco natal de «luz negra, el Atlántico oscuro».
Regresó en 1951 y ese mismo año ejecutó la primera escultura abstracta, Ilarik, estela de hierro y madera, materiales tradicionales del lugar, aunque ya aparecían los problemas de espacio, de escala y de vacío, que luego caracterizarán su obra, al igual que en Oteiza. Pasó a nuevos materiales, la piedra y el acero y en 1977. Luego de trabajar durante 15 años en diferentes versiones, concretó su pieza maestra, El peine del viento, instalada a orillas del bravío y oscuro mar, en Santander. Antes, recorrió Grecia en reveladora experiencia que luego precipitaría en la concepción de sus trabajos realizados en diferentes materiales (alabastro, hierro, hormigón y su predilecto, el acero).
Paralelamente, se dedicó al grabado y al dibujo. Sus primeros aguafuertes datan de 1959; siguió ejercitando esa técnica a lo largo de su vida. Una selección de grabados es la que se conocerá a partir del martes.
Moda y diseño
La muestra Imágenes del Louvre, seis siglos de historia europea, esas reproducciones de pinturas que ocupan una parte de la rambla de Pocitos, sirvió de estímulo para la creación de jóvenes diseñadores uruguayos, estudiantes y egresados de la Escuela de Diseño. Inspirados en esos cuadros, realizaron un concurso de diseño de vestimenta, resultando los ganadores Rosario Bianchi y Laura Almeida, que obtendrán un pasaje de ida y vuelta a Francia. El miércoles, a las 19.30 horas, en el Punta Carretas Shopping se exhibirán las prendas inspiradas en las obras en exhibición y luego se proyectará, en el MovieCenter, la película Belphégor-Le fantôme du Louvre, ambientada en dicho museo.
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