Violeta Parra: a 33 años de su prematura muerte

El cantar tiene sentido, entendimiento y razón

Tras un concurso realizado en Chile, »Gracias a la vida», la canción de amor con ritmo de sirilla que Violeta Parra creó en 1965, se impuso ampliamente como la preferida por el público.

El último escrutinio entre las tres finalistas colocó a esta canción en el primer lugar con 12.303 votos, en el segundo a »Arriba en la cordillera», de Patricio Manns (5.861), y en el tercero a »Si vas para Chile», de Chito Faró (4.691).

»Gracias a la vida» fue la canción que abrió en 1966 el álbum Las últimas composiciones de Violeta Parra, un título premonitorio, porque pocos meses después, el 5 de febrero de 1967, su autora se suicidó de un disparo en su sien derecha.

Himno a la vida, al amor y a la esperanza, con una gran creatividad poética que se desliza entre contrapuntos y el complemento de una melodía para algunos monótona, esta canción es, sin contrapeso, la más universal creada en Chile.

Joan Bãez, Nana Moskuori, Mercedes Sosa, Soledad Bravo, Plácido Domingo, Enrique Iglesias, Raúl di Blasio y las Spice Girls son algunos de los varios artistas internacionales, junto con otros también numerosos chilenos, que la tienen en su repertorio.

La grabación dejada por la propia Violeta es para muchos la mejor. »Acompañándose sólo por un cuatro» como instrumento, »le dio un carácter tan íntimo que supera a todas las versiones que se han hecho después», dijo el compositor chileno Guillermo Rifo.

Uno de los cinco disscos recoge »Las últimas composiciones…», en una versión remasterizada, junto a álbumes que la cantautora grabó en las décadas de los años 50 y 60.

Se trata de Cantos campesinos de 1954, Grabaciones encontradas en París (1963) y Décimas y centésimas, una recopilación de »cantos a lo humano y lo divino» que Violeta produjo entre 1950 y 1964.

En este material recientemente ditado se puede conocer, por ejemplo, tal vez la primera versión en un escenario de »Gracias a la vida», registrada por un aficionado en una peña del puerto de Valparaíso, cantada por Violeta en 1965, antes de grabar la canción para su disco.

»Despacio y sobre una guitarra de la cual apenas pueden distinguirse los cambios de acordes, avanza la voz de Violeta en una interpretación sentida y emotiva, escuchada en completo silencio por una concurrencia que al final irrumpe en fuertes aplausos», indicó la revista Wiken.

Entre los tesoros no revelados hasta ahora del legado musical de la cantautora hay también grabaciones captadas durante sus giras por Europa, en ciudades como París, Ginebra y Berlín, así como en sus viajes por América Latina.

»Miren cómo sonríen», grabada en Berlín, es una incisiva y melódica sátira política de la artista que en vida se caracterizó por su adhesión a la izquierda y una permanente y despiadada crítica a los convencionalismos morales y religiosos.

La antología discográfica permite redescubrir la esencia de Violeta Parra no sólo por su vena poética y sus dotes de compositora, sino también como eximia intérprete de la guitarra.

»El gavilán», otra de sus canciones, se puede escuchar ahora en una versión de doce minutos con »largos solos de un desarrollo armónico sorprendente», rescatados luego de un fino trabajo de ingeniería de sonido en los Estados Unidos, Brasil y Argentina.

Las »Anticuecas», grabadas en los años 50 en una casa de campo, son otro de los trabajos de alta complejidad en la interpretación de la guitarra que los seguidores de la cantautora pueden conocer por primera vez.

Así, nuevamente se vuelve a colocar al alcance de la gente a Violeta Parra, la mujer campesina nacida en 1917, que se quitó la vida a los 50 años, deprimida por una pena de amor, luego de cantar su »Gracias a la vida» por última vez.

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