Museo cerrado, subasta abierta
Es cierto que hay poco para ver desde hace mes y medio. El proyecto del novel director establece contemplar el espacio vacío en su primera etapa aunque, inesperadamente, una investigación sobre restauración de una pieza perteneciente al museo, alteró el propósito.
La obra en cuestión, perteneciente a la escultora Agueda Dicancro, permanece protegida y oculta, ante la inminencia de derribar una pared interior. No hubo ninguna indicación de que eso iba a suceder. Y algún visitante ocasional podía interpretar esa envoltura como una curiosa instalación no identificada. Por eso, quizá se debió aprovechar el cierre del museo y, con un precinto que rodeara la pared exterior, convertirlo como en tantas otras ocasiones en otros lugares en una convocatoria estética. Se perdió la oportunidad.
Para compensar a los frustrados visitantes por la ausencia de la colección permanente, Castells & Castells, en su sede de la calle Galicia 1069, abre a partir de hoy a las 9 y hasta las 18.00, con numerosas obras a subastarse el miércoles 29, a las 18.30. El remate no puede ser más oportuno. El itinerario es histórico, desde Juan Manuel Blanes a nuestros días. Con el agregado de presentar nombres que no figuran en el inventario del museo vacío y obras de una inusual envergadura, que enriquecería el acervo de cualquier pinacoteca. Pasarán, sin duda, a manos de particulares, mientras el Ministerio de Cultura mira hacia la ex cárcel de Miguelete, entusiasmado con un discutidísimo proyecto de Centro de Arte Contemporáneo, de futuro incierto.
De Juan M. Blanes (1830-1901), considerado el fundador de la pintura nacional (aunque lo antecedió Juan M. Besnes e Irigoyen) figura uno de sus temas más emblemáticos, Gaucho en el palenque, óleo sobre tela de 44 x 35 cm, que figuró en la gran exposición retrospectiva de 1941. Una pieza digna de integrarse a la colección de cualquier museo nacional o municipal. Además, del mismo Blanes, Pie de la cautiva, óleo sobre cartón de 30 x 23 cm, visto en la mencionada retrospectiva y que se refiere a una obra mayor ejecutada por el artista. Un buen comienzo para un recorrido histórico sorprendente.
Carlos F. Sáez murió el mismo año que Blanes, en 1901, a los 22 años. Su Autorretrato, óleo sobre tela de 62 x 42 cm, está fechado y firmado en Roma en 1893, cuando tenía 15 años, luego de un primer viaje a Venecia; reproducido en numeroso libros, perteneció a varias colecciones particulares. Es una obra clave para entender la trayectoria brevísima de Sáez, que revela, más allá de la madurez del talento adolescente, el fulgurante manejo del color y la materia en la flor de la solapa que un detalle de la reproducción destaca su introducción en la modernidad. Si el Estado tuviera un mínimo de sensibilidad, debería adquirirla, sin titubear, para el museo. El itinerario prosigue con el infaltable Pedro Figari (1861-1938), con cinco cartones, uno de ellos muy difundido (Espera) aunque se destaca Salón Federal, óleo sobre cartón de 49 x 69 cm, con predominio de rojos y una pincelada encrespada de enorme movilidad y generoso empaste. Le sigue Carlos M. Herrera (1875-1914) con Figura de mujer con capelina, pastel sobre papel de 49 x 56 cm, fechada en 1914, uno de esos deliciosos retratos mundanos a que fue tan afecto el maestro del Círculo Fomento de Bellas Artes, mientras en dos retratos evidencia su garra de pintor del modernismo.
El desfile continúa, en orden cronológico, con trabajos importantes de Manuel Larravide (1871-1919), Ernesto Laroche (1879-1940), Pedro Blanes Viale (1879-1926), Manuel Rosé (1887-1961), Carlos Alberto Castellanos (1881-1945), Goffredo Sommavilla (1850-1944), Carlos R. Rufalo (1880-1975), Rafael Barradas (1890-1929), con óleos, acuarelas y dibujos (uno extraño a su estilo, Una noche de garufa en la casita, sin firmar y fechado en París en 1918 cuando Barradas estaba en Barcelona). Los planistas no se quedan atrás. José Cuneo (1887-1977) tiene piezas fundamentales de ese período fermental del arte nacional (Retrato de Bernabé Michelena) y Paisaje de Melo, Ranchos, Luna de pueblo, Florida, Lago de Albano, Alfredo de Simone (1892-1950), Zoma Baitler (1908-1994), Dolcey Schenone Puig (1896-1952), Carmelo de Arzadun (1888-1968), Guillermo Rodríguez (1889-1959), infrecuentes obras de Carmelo Rivello (1901-1944) y Norberto Berdía (1900-1983). Ya en pleno arte moderno, telas de Luis A. Solari (1918-1993), Héctor Sgarbi (1905-1982), Jorge Páez (1922-94), Raúl Pavlotzky (1918-1997), Oscar García Reino (1910-1993), José Pedro Costigliolo (1902-1985), con dos espléndidas obras del período purista (Abstracción y Gioconda, ambas de 1948), y Gustavo Vázquez.
Un museo en tránsito, realmente. Se editó un importante catálogo.
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